"Las críticas no serán agradables, pero son necesarias". Winston Churchill.

viernes, 5 de abril de 2019

En el nombre del padre

No había visto aún la entrevista de Jordi Évole al Papa Francisco, que La Sexta emitió el pasado Domingo. La vi anoche y reconozco que en más de una ocasión tuve que mirar el móvil, corroborando que seguíamos en Abril de 2019. Porque aquello parecía de otra época. Allí no habían los gritos, interrupciones o frases escandalosas que hoy abundan en cualquier programa de actualidad. Más aún en estas semanas de búsqueda incesante de votos. Qué bien nos vendría (a todos) adoptar más a menudo ese estilo calmado de Bergoglio, con todas las ideas bien argumentadas y sin una palabra de más. Nuestra salud psíquica, mental y no sé si también física lo agradecerían.

Pero lo más interesante estuvo en el fondo del mensaje. El acuerdo inicial estipulaba dialogar sobre un único tema, el de los refugiados, pero pronto salieron otros muchos más, ninguno de ellos rechazados por el Papa a excepción de uno: la mediática exhumación de los restos de Franco. Se agradece, por otra parte. En cuanto al asunto protagonista se le vio seguro, convencido de lo que decía, incluso reivindicativo en ocasiones. Avergonzado por el trozo de concertina del muro de Melilla que Évole le trajo de España, criticó al gobierno español por tener parado al barco Open Arms en el puerto de Barcelona, a Trump por su idea de levantar el muro con México ("el que construye un muro termina prisionero de él", dijo) o a Europa por su reticencia a recibir refugiados ("la madre Europa se volvió abuela") recordando la migración de miles de europeos a América Latina huyendo de las guerras ocurridas durante el siglo XX. Es en realidad una posición coherente con la palabra de la Iglesia: amor al prójimo, al necesitado, al diferente. Insinuó también que el capitalismo salvaje tiene mucho que ver en todo esto, así como la venta de armas occidentales a países de zonas de conflicto (España a Arabia Saudí, por ejemplo) y cuando la blanca sotana iba tomando cada vez más un tono morado más propio de algún partido español, Évole puso otros asuntos sobre la mesa.

Y ahí se vio la cara más reaccionaria del Papa, de la Iglesia. Quizás el ámbito de las libertades de los ciudadanos sea donde más camino les quede aún por recorrer. En él se reflejan sus principales contradicciones. Porque si esto va de amar a todos vengan de donde vengan y sean como sean a ver quién entiende lo de los homosexuales. Se lió tanto al tratar de explicar su postura que incluso recurrió a conceptos como "psiquiatra" o "problemas mentales". Tampoco le volvió la lucidez al hablar del aborto, acto que equiparó con el de "contratar a un sicario", ni de la poca presencia de la mujer dentro de la Iglesia, de la que dijo un "no es suficiente con darle funciones" que cuesta entender.

Sí en cambio se mostró rotundo y autocrítico con otros tres temas polémicos: los abusos sexuales dentro de la Iglesia, las exenciones fiscales o los aún muchos lujos que existen en la institución. Reconoció la (hasta ahora) opacidad y arrepentimiento sobre el primero, aunque se felicitó de que cada vez más salgan a la luz y las víctimas los sigan denunciando. Se posicionó a favor de que la Iglesia española pague todos los impuestos que le correspondan como ya lo hace la italiana, y volvió a rechazar una vez más los lujos y la ostentación aún existentes: "Ojala una Iglesia más pobre, más parecida al pueblo", dijo. Pero reconoció que cambiar mentalidades y formas de proceder lleva su tiempo, al igual que el símil que utilizó: cuesta más evitar que se genere suciedad que simplemente limpiarla con la escoba.

En definitiva, si la Iglesia católica desea tener un papel protagonista en el siglo XXI tendrá que revisar muchas de sus posiciones y actitudes más arcaicas. Pero también los ciudadanos preguntarnos si estamos siendo justos con ella. Porque en este juicio continuo al que la sometemos, creer que "la palabra de Dios" versa únicamente sobre Franco, el aborto, la homosexualidad o los abusos sexuales como parecen querer hacernos ver los medios de comunicación es ponernos una venda en los ojos. O al menos en uno de ellos. Algún día tendremos que hablar de Cáritas, Manos Unidas o alguna de esas misiones de ayuda al desarrollo que se llevan a cabo por todo el mundo, ¿no? Seria lo deseable, aunque tengamos que hacerlo con palabras tranquilas, sosegadas y cercanas. Como las de un padre a un hijo.

Imagen de la entrevista de Jordi Évole al Papa Francisco (Atresmedia).

miércoles, 20 de febrero de 2019

Orgullo y prejuicio


Viajar te aporta muchas cosas pero la superación de ciertos prejuicios es una de las más necesarias. Las opiniones que nos formamos de las cosas bien por imaginación propia, por lo que nos muestran en la tele o simplemente "por lo que oímos por ahí" conforman el mundo que creemos que existe... pero ni mucho menos te acerca al de verdad. En la mayoría de casos incluso te aleja de él. Alguien que ha estado en Colombia o Argelia sabe de lo que habla. Al final uno sólo cree lo que quiere creer... y mucha gente es feliz así. Pues que así siga. Pero si pretendemos conocer la realidad deberíamos dudar, preguntar, investigar o viajar mucho más de lo que lo hacemos, y dejar los prejuicios de lado.

Seguramente al pensar en Irlanda nos venga a la cabeza lluvia, aburrimiento y calles desérticas. Nada de eso ofrece, al menos, su capital. Al pasear por el corazón de Dublín a uno casi se le olvida que se encuentra en las islas británicas. Si apenas caen cuatro gotas durante los tres días del viaje y en ocasiones incluso luce el Sol entonces el olvido ya es total. Las calles del centro además es que invitan a disfrutarlas. En ellas predominan los peatones y escasean los vehículos, aunque en ningún momento te sientes asfixiado de gente, ni siquiera en una mañana de Domingo. Quizás la ausencia de altos edificios de viviendas (tan típico, esto sí, de las ciudades británicas) que concentre a mucha población en poco espacio tenga mucho que ver, aunque también (seguro) el hecho de que no sea una ciudad masificada de turistas.

Además de la densidad de población, a la tranquilidad del paseo ayuda en gran medida la existencia de calles completamente peatonales y otras con amplias aceras y estrechos carriles para el tráfico, en el cual predominan autobuses, taxis y el tranvía. No sabemos si "la Carmena irlandesa" tendrá que aguantar también tantos reproches. El buen clima a nosotros nos sorprende, pero residentes de allí nos cuentan que es mucho más el mito que otra cosa: no llueve tanto como dicen. Y tampoco hace tanto frío, aunque el viento que sopla a ambos lados del río Liffey no da un respiro, eso sí.

Pero pasear por el centro de Dublín es muy agradable. Mucho que ver tiene también las numerosas actuaciones musicales que uno se va encontrando. La buena fama de la que goza la música británica sí podemos decir que esté justificada. Porque no sólo en el interior de los pubs se puede disfrutar de magníficos directos. Otro atractivo son los parques que ofrece la ciudad, desde el gigantesco Phoenix Park (no muy alejado del centro, curiosamente) hasta otros muchos más pequeños, como el Saint Stephen's Green, que nada más entrar te sorprende por lo verde y cuidado que está. Casi dan ganas, como buen español, de arrancar cuatro hojas y tirarlas por el suelo.

           

                   

En cuanto a la arquitectura, el estilo victoriano es por supuesto el que predomina, con castillos y catedrales que aparecen casi en cada esquina, aunque pocas con la belleza y encanto del Trinity College, la institución que constituye en exclusiva la Universidad de Dublin y que desde 1592 acoge a miles de alumnos cada año. Ese fantástico ambiente estudiantil parece extenderse a toda la ciudad, porque la capital irlandesa es, podríamos decir, una ciudad juvenil. Sólo hace falta salir un día cualquiera al atardecer para comprobarlo. Esa red de callejuelas empedradas, con jóvenes que salen y entran de las decenas de pubs, con decoración típica irlandesa en su exterior y buena cerveza y fantástica música en su interior, forman un ambiente que quizás sea el mayor atractivo de la ciudad.

Sólo existe un problema: que los jóvenes no suelen tener mucho dinero. Porque Dublín es una ciudad cara. Cuando te piden 5 euros por dos botellas de agua, 8 por una pinta de cerveza (un Sábado en el Temple Bar, de acuerdo) o 25 por entrar a la fábrica de Guiness es cuando te alegras de vivir en un pueblo del interior de Alicante. Pero claro, sólo del agua puedes disfrutar en tu día a día. Tampoco es fácil encontrar un sitio donde comer bien a un precio razonable (en eso sí que les ganamos), aunque ir con alguien que ya conozca la ciudad es una gran ventaja. En The Bank on College Green, un antiguo banco transformado en un coqueto restaurante, puedes almorzar casi de todo, desde un potente y calórico irish breakfast hasta un saludable revuelto de huevos y verduras.

En definitiva, si hay una pega que ponerle a Dublín es sólo haber podido disfrutarla un fin de semana. Sin embargo, más que suficiente para volver a casa, dejar la maleta en la cama y sonreír, con orgullo, por haberte sacado de encima algún que otro prejuicio más.

                 

martes, 5 de febrero de 2019

Cosas de rusos


Este mediodía en Al Rojo Vivo (La Sexta), Antonio García Ferreras le preguntaba a Fernando de Páramo (Ciudadanos) por la situación de los políticos catalanes presos de cara al inminente juicio del Procés: "que se lo hubiesen pensado antes de saltarse la ley", respondía el secretario de Comunicación del partido naranja. Lo dice días después de que Albert Rivera fuera de los primeros en reconocer como presidente de Venezuela a Juan Guaidó, quien se autoproclamó la semana pasada por cuenta propia, sin ninguna validez legal. Político y coherencia deberían ser casi sinónimos. Porque, ¿qué es lo mínimo que esperamos de alguien a quien depositamos nuestra confianza? Ya no que no metan la mano en la caja al llegar al poder o que no caigan en tentaciones de comisiones o sociedades offshore. Eso ya lo damos por imposible. Tan sólo les pedimos que hagan lo que dicen, que no se contradigan, que sean coherentes. Qué fácil, ¿no? Pues no lo es tanto.

Podemos, como Ciudadanos, también llegaba para hacer las cosas de otra manera. El "no parecerse a los dos partidos del bipartidismo" era en lo único que coincidían, pero en esto de las contradicciones parece ser que también. Porque a ver qué nombre que no sea ese tiene el abogar en sus inicios por ser transversales, buscar alianzas de todos lados, no etiquetarse como "la izquierda de siempre",...etc y ahora prácticamente expulsar del partido a Íñigo Errejón por hacer todo eso con Manuela Carmena y la plataforma Más Madrid. Puede sorprender semejante volantazo, aunque no tanto si pensamos en su secretario general y su portavoz en el Congreso, quienes tras alentar a todos en el hemiciclo a parecerse más a la calle, a vivir como cualquier ciudadano corriente o a reducirse el sueldo van y se compran un chalet de 600.000 € y 270 metros cuadrados... porque quieren tener familia, dicen. Y es que de todos es sabido que una familia numerosa no puede vivir en un piso de 100 metros cuadrados.

Quizás no haya mayor incoherencia que irse de una organización porque no te quieren y volver meses después para tratar de liderarla. Pues eso es lo que hizo el actual presidente del Gobierno con el PSOE. Pero es que la posición de los socialistas es a menudo incomprensible. Primero las autoproclamaciones de los independentistas en el Procés sí eran rebelión, después no porque no lo llevaron a cabo militares. Primero no se debían vender armas a una dictadura como Arabia Saudí bajo ningún concepto, después sí porque había 6.000 puestos de trabajo en juego. O primero se iban a convocar elecciones cuanto antes, después no porque hay que agotar las legislaturas.

Esto último es precisamente lo que se le recrimina una y otra vez al presidente desde el PP: la obsesión de Sánchez por aferrarse al poder sin importar nada. Y mientras, en Sevilla, su candidato a la Junta de Andalucía no tiene reparos en sentarse a negociar y llegar a cuerdos con una organización de extrema derecha como VOX, con tal de apropiarse al precio que sea del sillón de Susana Díaz. Coinciden en esto con Ciudadanos, por cierto, como también lo hacen en relación a Cataluña, Venezuela, la inmigración o las políticas sociales. Y es que cada vez cuesta más distinguirlos. Sólo falta que los dos tengan un líder cuarentón, bien peinado, guapo y sonriente. Pero ese es otro tema.

Volviendo a las contradicciones, incluso los partidos nacionalistas tienen las suyas, aunque pudiera extrañar dado su construido y monotemático discurso. ERC y la CUP han sido siempre dos de los grandes abanderados de las políticas sociales, la solidaridad y la igualdad, pero ahora lo importante es otra cosa: el nacionalismo, la suerte de clases, la diferenciación según el lugar de nacimiento, el "Espanya ens roba". Curioso. Como también lo es el aplaudir en su momento la iniciativa de Ada Colau de acoger a inmigrantes en las playas de Barcelona y al mismo tiempo insistir en levantar una frontera en el otro lado, entre Lleida y Aragón. Una incoherencia que siempre ha sido característica de CIU y PNV, quienes de cara a la galería criticaban siempre el centralismo de Madrid y luego en los despachos pactaban presupuestos para salvar a los gobiernos de Aznar o Rajoy. Lo más gracioso de todo esto es que los últimos en llegar, los populistas de VOX, sean de momento los más coherentes. Al menos durante las negociaciones en busca de un nuevo gobierno en Andalucía nos han demostrado que sí son lo que parecían ser: franquistas, racistas y misóginos. Algo es algo.

Pedirles que cambien quizás suene demasiado osado, de acuerdo. Una alternativa más que atractiva sería que se dedicaran a otra cosa. Seguro que en el mundo laboral existen multitud de lugares en los que la coherencia no es tan imprescindible... siempre que tu jefe no te lo pida, claro. Pero en España cuando se pronuncia la palabra "dimitir" la gente se gira buscando si hay algún ruso en la sala. Y es que a lo mejor es sólo eso: que todo esto de lo que hablamos no sean más que cosas de rusos.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Una historia de violencia

El pasado Sábado en Buenos Aires se iba a vivir una jornada histórica, el duelo de vuelta de la primera final de la Copa Libertadores entre dos equipos de una misma ciudad... y qué equipos, además. River Plate y Boca Juniors son los dos más grandes del fútbol argentino, del latinoamericano quizás, y se volvían a ver las caras en el Monumental tras el apasionante 2-2 de la Bombonera.

Con los ojos de todo el mundo mirando hacia allá, la fiesta terminó siendo una pesadilla. Horas antes del pitido inicial el autobús de los xeneizes era brutalmente apedreado a pocos metros del estadio, hiriendo a varios jugadores e integrantes del cuerpo técnico. Además, unas fuerzas de seguridad totalmente desbordadas lanzaban gas lacrimógeno con tal de dispersar a los violentos, pero debido a su proximidad con el autobús varios jugadores acabaron intoxicados durante su acceso al estadio. Mientras la CONMEBOL, el ente organizador, constataba el estado de la expedición de Boca en los vestuarios, la situación se desbordaba por completo en las calles aledañas, donde tenía lugar una auténtica batalla campal entre los hinchas más violentos de River y la policía. Mientras el capitán visitante Pablo Pérez y el joven Gonzalo Lamardo iban camino al hospital, las autoridades y los dirigentes presionaban para que se disputara el encuentro, incluso postergándolo hasta en tres ocasiones. Algo incomprensible para todo aquel que no sepa cómo suele funcionar la CONMEBOL. Finalmente los jugadores, los únicos que estuvieron a la altura, consiguieron imponerse y evitar que aquel despropósito tuviese lugar. Se aplazó entonces para 24 horas después, pero tampoco el Domingo acabó disputándose debido al mal estado aún de varios jugadores de Boca. Un fin de semana que quedará ya para siempre como uno de los más negros de la historia del fútbol argentino. Cierto es que desde 2013 la entrada de aficionados visitantes está prohibida en los estadios argentinos, debido a la ola de violencia desatada protagonizada sobre todo por los "barras bravas", los grupos de hinchas más ultras del país, pero el problema se extiende a toda la región. Hace ahora justo un año un episodio casi idéntico tuvo lugar en las inmediaciones del estadio Maracaná, en Rio de Janeiro, donde el autobús de Independiente de Avellaneda era también atacado por ultras del Flamengo, aunque en aquella ocasión por suerte nadie resultó herido. Son muchos los episodios de violencia que suceden a menudo en el fútbol latinoamericano, y es fácil caer en la tentación de demonizar este juego (que la mayoría lo entienden como eso, también hay que decirlo), pero estaríamos tapando el Sol con un dedo. El fútbol es por allá el acontecimiento social más relevante, donde más emociones se viven, y por consiguiente también un escenario habitual de comportamientos violentos. Pero si ampliamos la visión, vemos un preocupante aumento de droga en las calles sudamericanas durante los últimos años, una ola de robos que no cesan y unas pandillas urbanas cada vez más numerosas, sobre todo en las grandes urbes. Es la sociedad en su conjunto la que tiene un problema.

De las 50 ciudades más violentas del mundo 42 están en América Latina. Es la impactante cifra que arroja el último informe del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal (CCSPJP) y del que se hacía eco hace unos meses el medio británico BBC. El estudio compara ciudades de más de 300.00 habitantes, que no atraviesen un conflicto bélico y se computan únicamente homicidios intencionales o muertes por agresión. Huelga decir que violencia hay en todos lados, es una obviedad, pero las cifras arrojan una tendencia clara y muy preocupante para la sociedad latinoamericana. Las causas por supuesto son muy variadas, pero quizás no nos equivoquemos en demasía si las sintetizamos en dos grandes nombres: la educación y la pobreza. La mayoría de los problemas debidos a la acción humana que existen en nuestra sociedad provienen de lo mismo, eso tan genérico o individual, según como se quiera ver, que nos enseñan en las escuelas y en nuestros hogares. Debería ser una de las prioridades de cualquier gobierno de turno, pero uno se escandaliza viendo dónde suele acabar a menudo el dinero de todos. Si algo además han tenido históricamente (y tienen) en común los gobiernos latinoamericanos ha sido una corrupción totalmente crónica. La pobreza y las desigualdades sociales son el otro gran culpable. Lejana parece ya aquella "década prodigiosa" con la que los países latinos estrenaban el milenio, con importantes avances en materia de igualdad que permitieron a millones de personas salir de la pobreza y empezar a formar parte de la clase media. Pero no se crearon las estructuras sólidas necesarias para mantener tales crecimientos y desde unos años atrás hasta la actualidad la región vive un estancamiento total, con mucho del terreno ganado ahora perdido. Gran parte de la población se ve sin recursos para afrontar el día a día y muchos de ellos optan por la delincuencia como forma de ganarse la vida. Si a todo ello se le suma el ser la región del mundo más importante en cuanto a producción y distribución de droga, con todo lo que conlleva el negocio del narcotráfico, el resultado es un cóctel explosivo, nunca mejor dicho. Viendo la situación actual de los tres gigantes latinoamericanos cuesta ser optimista, con una violencia en máximos históricos en México, los problemas de todo tipo que azotan desde hace años a Brasil y que han culminado con la llegada al poder de un ultra como Jair Bolsonaro o el reciente y enorme rescate económico de Argentina por parte del FMI.

Sin embargo, también existen espejos donde mirarse, casos a tomar como ejemplo para empezar a cambiar las cosas. El de Medellín en concreto parecería poco menos que un milagro. Una ciudad que pasó de ser la más violenta del mundo a mediados de los años 90 con casi 400 homicidios por cada 100.000 habitantes, a rozar los 20 tan sólo dos décadas después, pero uno descubre que no lo es cuando lo vive en primera persona. La apuesta de las autoridades municipales por reforzar la seguridad en todas las comunas, situar la cultura y el respeto como eje de sus políticas educativas y sociales o la construcción de un sistema de transporte público pionero en América Latina en su momento que llegara a todos los rincones de la ciudad, incluyendo aquellos más desfavorecidos y antes abandonados, fueron políticas claves. A nivel estatal el caso de Chile es sin duda el camino a seguir, con índices de alfabetización o seguridad en la actualidad propios de los países europeos. También Uruguay, Perú o Ecuador siguen reduciendo a buen ritmo la pobreza y la desigualdad, y como consecuencia también la seguridad en sus calles, mientras que en Colombia las buenas sensaciones de los últimos años, reforzadas con el acuerdo de paz con las FARC, se ven ahora puestas en duda por el preocupante aumento de las plantaciones de coca en las zonas rurales del país. Todo es posible por tanto si desde las instituciones existe la voluntad y perseverancia necesarias, aunque las amenazas y fragilidades propias de la región alertan de la importancia de no bajar la guardia.

Hace unos días se dio a conocer que el partido de vuelta sí se jugará finalmente, pero no en el Monumental, ni siquiera en suelo argentino, si no el Santiago Bernabeu de Madrid, el próximo Domingo 9 de Diciembre. Poco interesa ya tras lo sucedido el pasado fin de semana, aunque quizás sea la solución menos mala a todo esto. Partiendo de que unos cientos de "inadaptados", como dicen allá, no deberían privar al resto de la sociedad de un espectáculo así, la decisión de disputarlo en el extranjero debe servir como gran lección a la sociedad argentina, desde los aficionados hasta las instituciones pasando por los dirigentes. Una gran ocasión que sirva de lección pero también de ejemplo, estando las fuerzas de seguridad españolas tan preparadas y acostumbradas a partidos de alto riesgo, aunque la solución no dejará de estar en las escuelas y hogares latinoamericanos. Es allí dónde se engendran los futuros violentos, pero también donde radica la esperanza: y es que si en algo destaca aquella sociedad en su inmensa mayoría es por su cálida, acogedora y maravillosa gente.

"Estas son las 50 ciudades más peligrosas del mundo (y 42 están en América Latina)", artículo publicado en www.bbc.com, el 7 de Marzo de 2018:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43318108


martes, 11 de septiembre de 2018

Nada que esconder

Uno va a Argelia sin saber lo que se va a encontrar. A pesar de distar sólo unos pocos cientos de kilómetros de España, este país del norte de África no centra sus esfuerzos en promocionarse al mundo precisamente. Poco se sabe de ellos al otro lado del Mediterráneo. Alineado con Rusia ya desde la época soviética, sus relaciones con Occidente se reducen a lo mínimo necesario. Gas y petróleo, para ser más exactos. Nada más pisar el Aeropuerto Ahmed Ben Bella de Orán la sensación es que los 300 km. que separan Alicante de esta ciudad costera africana parecen ser muchísimos más.

                 

Sólo desde diez ciudades europeas se puede volar a la segunda urbe del país. Y cinco de ellas son francesas. Las tres puertas de embarque disponibles comparten la misma sala y... olvídense de los baños que tenemos en Europa. Deberán volver a practicar las cuclillas aquellas del "cole". Durante el trayecto hasta el hotel es inevitable no sorprenderse por lo caótico del tráfico. Nos dicen que la única regla vial en Argelia es no chocar con el de delante. Las rotondas son simples puntos de encuentro, y tan sólo cuatro o cinco semáforos están en funcionamiento en la ciudad, en los cruces más problemáticos. Pero es un caos ordenado, curiosamente. La gente parece acostumbrada. Si un tranvía te hace "las largas" para que apartes tu coche de la vía lo haces y listo. Otro detalle que llama la atención es el gran número de personas por la calle en plena noche. Buena señal. El paseo marítimo suele estar repleto de gente caminando, tumbada en el césped o disfrutando de alguna de las fiestas que se organizan para los más jóvenes. Durante el día, el trayecto hasta allí desde el Centro Histórico, que rodea la Plaza de las Armas y repleto de bellos edificios de estilo francés, es quizás lo mejor de la ciudad. También merece la pena subir hasta el Fuerte de Santa Cruz, en lo alto de una colina desde donde disfrutar de unas espectaculares vistas de Orán, su ajetreado puerto y el mar Mediterráneo. Poco más atractivo tiene la ciudad más turística del país. El estado de las calles es otro tremendo choque cultural. La inversión en obra y servicios públicos no parece ser la prioridad del gobierno argelino, ni mucho menos. ¿Para qué pavimentar las aceras si se pueden dejar ahí las bolsas de basura? ¿Para qué reparar los baches de las carreteras si se pueden señalizar simplemente plantando una vieja rueda en su interior? Tampoco está previsto sustituir un sólo autobús hasta que no se desmorone a pedazos. Sin embargo, eso sí, al entrar en una casa, cafetería, restaurante o tienda cualquiera todo vuelve a la normalidad.



Pero, a pesar de todo, la sensación es que Orán, y Argelia por extensión, tienen un futuro esperanzador. Muy lejanos parecen ya los años 80 y 90 donde el país era refugio de terroristas. Ahora Argelia es una de las naciones más seguras de África. Las numerosas obras en construcción, incluso barrios de lujo enteros cerca del mar, hacen pensar que la ciudad será otra dentro de treinta años. Y es que está todo por hacer. Pero lo que más invita a la esperanza es otra cosa. Su gente. Si aquí miramos a los extranjeros como intrusos, allí nos tratan como invitados. En Orán, te plantas con un grupo de ocho personas en la Gran Mezquita, sin cita y sin nada, y el de seguridad avisa al responsable del centro para que os realice una visita guiada. En Orán, si unos españoles van a una boda musulmana suena Gasolina, Despacito o Sin Pijama con tal de que se sientan "como en casa". Y en Orán, toda una familia de un amigo a los que no conoces de nada se ponen a tu entera disposición durante cuatro días las veinticuatro horas del día. La lección de que no hace falta beber una sola gota de alcohol para pasarlo en grande también es de un valor incalculable para nosotros. Bien haría su Gobierno en dejar de poner trabas al turismo y facilitar los visados y demás requisitos de entrada y salida, porque Argelia, y sobre todo los argelinos, no tienen nada que esconder.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Entrevista a Antonio Lucas (El Mundo)

“Empresas como Google están haciendo mucho daño al periodismo”


No espera uno siquiera que le contesten a una petición de entrevista formulada mediante un simple comentario en esa jungla que es Twitter. Pero, como la esperanza es lo último que se pierde, se decide proceder con el bombardeo. Antonio Lucas (Madrid, 1975) es uno de los dos que sí lo hacen, de un total de doce intentos. Ya en el intercambio de e-mails para concretar la cita se intuye de qué madera está hecho el personaje. Impresiona su buen trato y cercanía a través de un canal tan frío, pero más aún la facilidad en concretar día y hora esa misma semana, teniendo en cuenta su más que segura escasez de tiempo. Y es que estamos ante un poeta y periodista… y de los buenos.


PREGUNTA: En el año 1996 entras en el periódico El Mundo, a los 20 años. ¿Cómo entraste tan joven a un medio tan grande?

RESPUESTA: Fue pura casualidad. Estaba estudiando tercero de periodismo y había ganado un premio de poesía en ese mismo año. Me presenté a las prácticas, me cogieron y entré en la sección de Motor… aunque en aquel entonces no tenía ni siquiera carnet de conducir.

P: Vaya… ¿de Motor? ¿mediante alguna vacante que había ahí?

R: Pues lo que quedaba. Llegué tarde al reparto de plazas, me tuve que venir corriendo y sólo quedaba esa. Así que ahí caí, y lo que iba a ser una cuestión de prácticas de unos meses se convirtieron en los 21 años que llevo en el periódico.

P: En el 2013 ganas el prestigioso Premio Internacional de Poesía de la FUNDACIÓN LOEWE. ¿Te sientes más periodista o poeta?

R: Las dos cosas, convivo muy bien con ambas. Trato de que no se contagien demasiado, aunque se rozan un poco al final. Vivo las dos con la misma pasión.

P: ¿Si pudieras elegir lo mejor de cada una?

R: Diría que la poesía me ayuda a entender mi vida y el periodismo a desarrollarla.

P: ¿Y lo peor?

R: De la poesía sin duda esos periodos en los que uno está algo mudo, sin encontrar el calambrazo necesario para escribir, con un horizonte algo oscuro. Y del periodismo esos días de batalla y fatiga, más en estos momentos tan convulsos por los que pasa la profesión… pero que a la vez tienen su parte excitante.

P: Desde fuera se aprecia esto que dices, sí. Debe ser una profesión que cada día te depara algo nuevo, imprevisible. Con noticias que saltan o eventos que hay que cubrir. No parece que los días sean muy monótonos.

R: Cuando el día es monótono es que algo está fallando, algo se está llevando mal. No hay días así si tú no quieres que los haya. La realidad está llena de circunstancias extraordinarias para poder contar.

P: De entre todos los géneros existentes en el periodismo (entrevista, reportaje, noticia, opinión, debate,…etc) ¿cuál es el que más te gusta o te gustaría hacer?

R: Me encanta la entrevista. Es un género muy vivo, que requiere una interacción con el otro, es un pulso interesantísimo. Además una conversación no sólo te da claves de la otra persona, también del tiempo en el que vives. Y por supuesto la columna: es muy elástica, y te permite una escritura muy abierta, dejar el sello de uno mismo y exponer tus ideas, impresiones, fracasos o entusiasmos. Siempre es un pulso singular.

P: ¿Cuáles de ellos van a ganar protagonismo en los medios y cuáles van a ir a menos en el futuro?

R: Todos los géneros le dan sostén al periodismo, le dan eje. No se puede prescindir de ninguno. Quizás el que más pueda decaer sea el mismo ejercicio de la noticia informativa, ya que las redes sociales están ocupando ahora esa misión: dar información puntual y al instante de lo que sucede en cualquier rincón del planeta. Aunque luego deberá ser analizada, procesada o jerarquizada, con esa óptica y requisitos de rigor que el periodismo maneja. Y será imprescindible añadirle el porqué, cuándo, dónde y cómo. La noticia probablemente sea la que pierda espacio en los medios en favor de su propio análisis y del resto de géneros.

P: Relacionado con esto: ahora se habla mucho del futuro del periodismo, de su posible pérdida de vigencia o peso, pero quizás en esta época sea más necesario que nunca un análisis de calidad de esas noticias que ya saltan por todos lados en las redes sociales. Sí se puede mirar el futuro con cierto optimismo desde este punto de vista. ¿Lo ves también así?

R: Sí, también lo veo con cierto horizonte. El análisis es principal, sobre todo en este mundo tan enmarañado y confuso. Hay que darle luz a todo ese borbotón informativo que nos viene y el análisis, la opinión o el reportaje generarán ese espacio de comprensión tan necesario. Además, esa cosa tan grosera que es la actualidad tiene claves cambiantes: nunca serán las mismas las de hoy que las de ayer.

P: Antes hemos mencionado de pasada la redacción de El Mundo donde trabajas. ¿Cómo es tu día a día en la redacción?

R: Pues llego por la mañana a la redacción (no tengo horario de entrada… llego cuando llego) y compruebo lo que tengo a medias, lo que tengo por hacer y lo que quiero hacer. Si tengo pendiente una entrevista hago las llamadas y gestiones necesarias para que esa persona se convenza. Normalmente trato que sea alguien singular, del cual me apetezca saber su opinión sobre algún tema. O si debo prepararme para un reportaje, por ejemplo: planificar el viaje, comprobar con qué personas me tengo que ver, cuándo y dónde,…etc.

P: Mucha planificación por lo que veo…

R: Bueno, planificar y escribir. Hay cosas que surgen en el momento, que tienes que arrematar al instante. En ese sentido la verdad es que tengo cierta agilidad, soy bastante eficaz escribiendo. Me cuesta a veces conseguir la idea de arranque o motriz del artículo, pero luego soy bastante rápido cuando la engancho.

P: Siguiendo con la redacción, ¿cuáles son los Departamentos en los que se distribuye el personal?

R: Pues los de siempre: Nacional, Política, Economía, Sociedad, Ciencias, Cultura, Comunicación, Madrid u Opinión (con sus editoriales y columnas que forman la peana del periódico), por citar los principales.

P: Supongo que cada uno con su jerarquía y su responsable…

R: Sí, cada uno con su redactor jefe y con su gente especializada. Por ejemplo, en el caso de Nacional hay periodistas que siguen al PSOE, otros a Podemos, a PP o a Ciudadanos. Igual sucede en Cultura, con gente centrada en cine, en arte, en literatura o en danza. Los espacios están en cierto modo compartimentados, aunque luego puedes trasvasarte evidentemente de uno a otro si te piden o solicitas algo. Pero sí, está más o menos parcelado con una jerarquía bien planteada.

P: En la actual Era Digital en la que nos encontramos, Antonio, ¿en qué medida las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación han condicionado la generación de contenidos del periódico?

R: Lo ha condicionado de muchas maneras. Primero, trasladándonos mucha más urgencia, para lo bueno y para lo malo. También modifica los ámbitos de opinión: hay que ser más rápido, más audaz, tener más pantallas abiertas y saber que ahora tenemos más gente mirando. Uno tiene, por tanto, la exigencia de estar mucho más afilado en los criterios y en las ideas. Más aún en este mundo en el que hay tantas personas escribiendo a la vez sobre un mismo tema. También ha modificado algo vital en los periódicos como es la publicidad convencional, uno de sus pulmones principales, que ahora está ya muy dañada por la irrupción de su vertiente digital, mucho más barata y agresiva. Eso provoca que las empresas de comunicación clásicas estén perdiendo mucho músculo económico. Y otro aspecto importante: empresas como Google y otros grandes agregadores de noticas están haciendo mucho daño al periodismo, al generar su propia jerarquía de noticias en la web y darle más impacto a unas que a otras. Generan una alteración en el poso natural de una empresa informativa. Son muchísimos los aspectos. La revolución ya es imparable, era necesaria, y ahora lo que nos toca es encontrar la fórmula de convivencia con algo ya instalado en nuestras vidas. Algo tan nuevo como que un tío “desenfunde” su smartphone de su bolsillo y se entere al instante de lo que sucede en Shanghái, en Soria, en Nueva York o en Nueva Delhi.

P: Cuestión de adaptarse, ¿no?

R: Adaptarse y encontrar la fórmula. No es un problema sólo de adaptación, sino también de tener cierto nervio creativo para saber encontrar la fórmula económica y sociológica que haga frente a una aventura nueva para todos. Una batalla que los medios clásicos de comunicación estamos ahora mismo perdiendo.

P: Vamos ya con las dos últimas. ¿A escribir bien se enseña mejor uno leyendo mucho o escribiendo mucho?

R: Principalmente leyendo mucho. Hay gente que escribe mucho y es un auténtico desastre. Se le nota lo poco que ha leído o lo mal que ha asimilado esas lecturas. Y otra en cambio que escribiendo poco es finísima, se le aprecian lecturas previas bien asimiladas y transmite unas ideas muy sólidas. Tampoco es un problema de volumen de lectura, sino de asimilación de lo que estás leyendo, de saber encontrar de cada autor que lees aquello que a ti te suma, que te da claves de tu propia escritura. En este oficio jamás se puede escribir bien si no se sabe leer bien.

P: ¿Qué consejo le darías a un recién graduado periodista?

R: Bueno… consejos no me suele gustar dar, pero sí alguna sugerencia. Una es esto que comentaba: leer mucho, y hay que leer periódicos. Hay estudiantes de Periodismo que parece que se les olvida… y van a vivir de ello. Igual que uno ve la televisión o escucha la radio, hay que leer periódicos y no sólo de Deportes o crónicas de conciertos, sino editoriales y firmas de opinión, para a través de ellos entender porqué un medio es como es. Es decir, saber descifrar el periodismo, que es un laberinto, una plaza pública llena de gente en la que uno debe encontrar su portal. Es importante que el muchacho que salga ahora de la Universidad sepa que esta profesión es un organismo vivo con el que uno debe hacer casi de cirujano todos los días en busca de la clave. Hay que tener capacidad comparativa, tener memoria (una noticia que lees hoy quizás tenga sus antecedentes en algo que ocurrió tiempo atrás). Y vivir, viajar todo lo que se pueda, pero no con la cabeza hecha una pañalera, sino con los ojos abiertos, rozarte con la gente, no tener miedo a meterte en berenjenales. Saber que hay hoteles de cinco estrellas alfombrados con historias maravillosas pero también bares de última hora de la noche llenos de situaciones deliciosas.

P: ¿Y una advertencia? Algo que digas “¡cuidado con esto!”

R: Lo primero, que se vaya de España, sobre todo si se tiene veintipocos años. Es lo mejor que le va a pasar en mucho tiempo. Y cuidado con algo no, todo lo contrario, hay que tener ganas, ponerle mucho tesón. Pero paciencia la justa, eso sí. No vale eso de “tú tranquilo, ya conseguirás esto o lo otro a los 30”. Si lo puedo conseguir ahora a los 25… ¿por qué tengo que esperar a los 30? Tener un estilo propio también es crucial. No quiere decir ser el más barroco de la redacción, sino tener en tu escritura un condimento que sea sólo tuyo, que alguien pueda leer algo un texto y por lo menos intuya rápido que eso lo has firmado tú. Yo cuando tenía 21 o 22 años mi obsesión era encontrar la clave de una escritura que fuese mía, gustase más o gustase menos. Aportar esas cosas que crees que te distinguen o te dan cierta identidad, para después añadir también cierta modulación: rectificando, sumando o restando. Y al final, ser claro y valiente.

P: Y valiente aún más en esta época en la que tantas cosas nos condicionan… ¿verdad?

R: Claro. Las redes sociales son un buen ejemplo. Aunque te estén llamando por ahí que si rojo o facha… tú con confianza para adelante. Total, ¿qué más da?

domingo, 23 de julio de 2017

Red Hot Chili FIBbers

El FIB este año era diferente, se decía. Esa etiqueta de "festival diferente", alternativo, alejado de cualquier atisbo de "comercial" dejaba paso a una edición donde se ampliaban los registros y los grandes nombres eran los reclamos. Quizás sea una ventaja el no haber conocido ese "otro Benicàssim", porque así uno no lo hecha de menos. 

Tras una primera jornada, la del Jueves, en la que The Weekend fue el gran protagonista (primer síntoma de esa mutación de registros), el Viernes los más esperados eran los ingleses Foals. Sin duda, confirmaron su estatus de banda de moda con un gran espectáculo de luces y sonido que hizo vibrar a los muchos fans que casi llenaban el escenario principal. A medio camino entre el pop-rock de Coldplay y el rock alternativo de Radiohead, los de Oxford completaron una más que notable actuación. No así un clásico como los Planetas, que a pesar de darlo todo, unos problemas de sonido les lastraron. Los otros triunfadores de la noche fueron 2 Many DJ's. Con su peculiar estilo, mezclando momentos de pausa con otros de locura absoluta, los belgas firmaron una fantástica sesión de música electrónica, con momentos sublimes como los remixes de Kids o Pump Up the Jam, dos de sus clásicos.

Pero los fibbers del 2017 habíamos acudido allí por lo del Sábado, no nos engañemos. El intenso sol de la mañana dejaba paso a unas nubes y una brisa por la tarde auguraban una jornada perfecta. Los asistentes llenaban las calles de Benicàssim (mejor dicho, los bares de Benicàssim) en las horas previas, y en el ambiente, en las continuas risas, se intuía que no era un día cualquiera. El cartel prometía, con los Red Hot Chili Peppers como grandes protagonistas. Uno no sabe aún hoy si había más camisetas de los californianos o personas por las calles del pueblo castellonense. A las 17:00 de la tarde ya eran decenas los que esperaban a las puertas del recinto. Una hora y media después conseguían su premio al llegar a la carrera a los pies del Escenario Las Palmas... aunque Kiedis, Flea, Smith y Klinghoffer no saldrían hasta casi 5 horas después.

Pero había mucho antes de eso. Y muy bueno. Uno de los atractivos de un Festival de música es el descubrimiento de grandes bandas que no sabías ni que existían. Es el caso del cuarteto de veinteañeros que abrían el telón de ese mismo escenario principal. Con una templanza, una fuerza y una presencia impropias para su edad, estos irlandeses se marcaron casi una hora de fantástico rock británico. Mención aparte merece Pete O'Hanlon, el chico del bajo, una auténtica maravilla con un talento y personalidad arrolladores. The Strypes seran grandes. Mientras, en el escenario Visa (el segundo en importancia) Las Kellies y Marika Hackman sonaban muy bien, y empezaban a atraer a unos oyentes que serían multitud con la irrupción de un clásico: La Mala Rodríguez. La jerezana parecía disfrutar como si fuera su primer día (y así lo era en Benicássim, como ella misma recordó) y se marcó un gran directo con su cuidada coreografía y alguna que otra sorpresa (como las pistolas de agua que ella y sus bailarinas sacaron a las primeras notas de Mátale). De vuelta al escenario Las Palmas, llegaba la hora de otro de los más esperados. Aunque uno no se acaba de acostumbrar a verle sin su hermano a la izquierda, Liam Gallagher sigue impresionando en sus conciertos. Con esa pose chulesca, desafiante y sus manos en la espalda mientras canta, el de Manchester sabía a la perfección cómo ganarse al público. Empezar con Rock 'n' Roll Star y Morning Glory es ir sobre seguro. Con unos fans ya totalmente entregado (sobretodo los muchos británicos allí presentes) alternó a partir de ahí temas de su nuevo disco en solitario (Wall of Glass y Chinatown son muy buenas) con otros clásicos de Oasis como Slide Away o un precioso acústico de Wonderwall. Con el himno de los 90 el pequeño de los Gallagher cerró una actuación en la que nadie pareció echar de menos al hermanísimo. 

Y justo después, ellos. Tras el "huracán Liam" allí ya no cabía un alfiler. El lleno era absoluto y los Chili Peppers no defraudaron con la primera: Around the World, un clásico. Y, claro, la multitud ya entregada desde el minuto 1. Los Red Hot saben lo que hacen, por eso siguieron con dos temazos como Dani California y The Zephyr Song. Tras este abrumador comienzo, empezaron a mezclar algunos de sus hits con canciones de su último álbum, The Getaway, mucho menos coreadas por el público, como es lógico. Y, cómo no, tampoco faltaron los clásicos solos de Flea, Smith y Klinghoffer con su bajo, batería y guitarra respectivamente, un signo distintivo del grupo. Sin perder un ápice de la energía que los caracteriza y con un montaje espectacular con hasta 5 pantallas en el escenario, más las dos de los laterales, los norteamericanos consiguieron hacer vibrar al personal que abarrotaba aquello, como si estuviésemos en los 90. Californication, Under the Bridge y By the Way también, ahí es nada, para poner el colofón por todo lo alto con un espectacular Give it Away. Y es que... ¿a quién le importa que no hayan sacado un buen disco en 10 años?

Ya poco importaba lo que llegara después... aunque el Domingo tenía los reclamos de Love of Lesbian y Kasabian. El FIB'17 fue, por tanto, un exitazo en cuanto a asistencia, con el pico de los 53.000 espectadores que llenaron aquello el Sábado. Es cierto que puede haber perdido esa esencia de antaño, pero ahora Benicàssim parece estar abriéndose a más registros, más artistas y, sobre todo, más público. Y si en tu recinto suenan Oasis o Red Hot Chili Peppers... ¿de verdad se está traicionando lo tradicional?