"Las críticas no serán agradables, pero son necesarias". Winston Churchill.

lunes, 16 de febrero de 2015

El fin de la URSS

A principios de los años 80 la Unión Soviética seguía totalmente enfrentada con los Estados Unidos en la denominada Guerra Fría, con la amenaza nuclear siempre presente. A pesar de la precaria situación de su población, los soviéticos seguían destinando año tras año gran parte de sus recursos a la partida militar. Sin embargo, en 1985 Mijail Gorbachov es elegido Secretario General del PCUS y se atisba un cambio de rumbo. Acomete un plan de reformas con el objetivo de salvar la economía y democratizar el Régimen, se adoptan medidas económicas de carácter liberal y también se promete a los ciudadanos mayores libertades. Es la conocida como Perestroika.

Verdaderamente la población empieza a gozar de más libertad de expresión, se acaba con la censura de los medios, terminan las represiones políticas y religiosas, pero las condiciones de vida de la gente no mejoran, y se arrastran los problemas económicos y de producción de años atrás. Los cambios no son suficientes para un sector del Partido, liderado por Boris Yeltsin, que pide mayor celeridad y alcance en las medidas, y las divisiones son cada vez más evidentes dentro del propio Gobierno.

En Noviembre de 1989 cae el Muro de Berlin, símbolo de la separación entre el Bloque Occidental y el Comunista. Estados pro-soviéticos hasta la fecha como Polonia, Hungría y Checoslovaquia, exigen que se abran las fronteras y que sus ciudadanos puedan viajar libremente a los países occidentales. Al mismo tiempo, la población alemana lleva ya tiempo aspirando a la unificación de su territorio. Desde el Kremlin aceptan finalmente tales demandas y no ponen impedimentos al derrumbe del muro, en pie desde hacía 28 años. Por extensión, se considera también abolido el llamado “Telón de Acero”, la frontera ideológica entre los países de la OTAN (occidentales) y los miembros del Pacto de Varsovia (comunistas), vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La URSS comienza a debilitarse.

Unos meses después, Gorbachov decide acudir en persona a Lituania, para intentar calmar las ansias independentistas de gran parte de la población. No lo consigue, y el país báltico declara poco después su Independencia de forma unilateral. Se convierte en el primer Estado en separarse de la Unión Soviética.

1991 es el año decisivo. Durante los primeros meses el Secretario General, con el fin de enderezar la situación, decide dar un giro a su política, y coloca en los cargos importantes a los comunistas más conservadores. Se ordena la intervención militar en Lituania y Letonia, en un intento a la desesperada por evitar el desmembramiento soviético. Los intentos de golpes de Estado se saldan en fracaso ante la resistencia de la población, y se producen varias muertes y centenares de heridos. La imagen de la URSS además queda muy dañada a ojos del mundo.

A mediados de año, y valiéndose de las medidas democráticas que se habían implantado, Boris Yeltsin logra convertirse en el primer Presidente de Rusia y, debido a su posición contraria al Régimen Soviético, las tensiones aumentan. En Moscú existen ahora dos Presidentes, que además están totalmente distanciados.

El 19 de Agosto, aprovechando un viaje de Gorbachov a Crimea, el sector más conservador del Partido promueve, junto al Servicio de Inteligencia (KGB), un intento de Golpe de Estado en la capital, tras haberlo estado conspirando desde hacía meses. Sin embargo, una multitud de ciudadanos decide mostrar su disconformidad, y en la misma calle piden a los militares que no abran fuego. Las dudas crecen entre los golpistas, y es entonces cuando Yeltsin aparece. El Presidente ruso escenifica su rechazo al movimiento al subirse a uno de los tanques situados frente al Parlamento y pide calma y unidad a la población, ratificando el orden institucional. Los tanques empiezan a retirarse. Gorbachov, que había estado aislado por el KGB en su residencia de Crimea durante los tres días que duró el intento de Golpe, regresa entonces totalmente humillado y debilitado.

A principios de Diciembre, en Bielorrusia, se le atesta el mazazo definitivo a la URSS. Los Presidentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania firman, a espaldas de Gorbachov, un Tratado para la disolución del gigante soviético, y declaran la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). El día 21 en Almá-Atá (Kazajstán) el resto de Repúblicas se les une y ratifican el acuerdo. Finalmente, el 25 de Diciembre de 1991, Gorbachov presenta su dimisión como Presidente de la Unión Soviética y ésta, sin poderes reales desde hacía ya varios meses, queda disuelta oficialmente.

Dos aspectos positivos se pueden sacar del proceso. Uno es la llegada de la democracia a los Estados resultantes, donde la población puede elegir libremente a sus representantes y goza de las libertades propias de los países del primer mundo. Y la otra, los medios pacíficos con los que se produjeron los acontecimientos. Un éxito sin duda, ya que por desgracia la Historia nos ofrece multitud de ejemplos en los que cambios de Régimen o creación de nuevos Estados se saldan con sangrientas guerras civiles.

Sin embargo, las prometidas mejoras para la población no son tan evidentes, sobre todo en la gran Rusia. Las medidas liberales implantadas en estos casi 25 años y la llegada de la Economía de Mercado no han logrado acabar con las miserias comunistas, ni mucho menos. La gente más desfavorecida vive incluso en peores condiciones que durante el periodo soviético, en un país donde las diferencias sociales aumentan paulatinamente. Mientras que los ricos son cada vez más ricos, el grueso de la población sufre cada día más. Muchas cosas deben cambiar en un país donde la corrupción (a todos los niveles) está a la orden del día, y en el que su gobierno parece estar más interesado en el gasto militar y su política exterior, que en mejorar las condiciones de vida de su gente.


martes, 20 de enero de 2015

Hay luz al final del túnel

La política española ha atravesado los últimos años posiblemente el mayor bache en los casi 40 años de democracia que llevamos. La gente de la calle ha ido paulatinamente perdiendo la confianza en “sus representantes”, a medida que aumentaban (o al menos se iban haciendo públicos) los casos de corrupción, y también su mala gestión ante la crisis que está sufriendo Europa y en mayor grado España. Utilizo las comillas porque esa función es la que en teoría debería tener un político, la de representar la voluntad popular y atender sus necesidades, pero después en la práctica hemos visto como en muchos casos no ha sido así. Tenemos multitud de ejemplos, sobre todo en los dos partidos que han gobernado mayoritariamente en nuestro país (PP y PSOE), de gente que únicamente ha actuado en beneficio particular, o al menos lo ha priorizado sobre el servicio público. El resultado: un país quebrado económica y socialmente, y con unos ciudadanos cada vez pasándolo peor que señalan a los políticos como máximos responsables. El 15 de Mayo de 2011 se llegó al punto álgido de toda esta frustración. El después llamado Movimiento 15-M (o movimiento de los indignados) fueron unas protestas pacíficas que comenzaron ese día en la Puerta del Sol (Madrid), con las que la gente ponía de manifiesto su malestar. Las causas que lo motivaron fueron tales como: crisis económica, casos de corrupción, medidas de austeridad, nula democracia representativa, desempleo, desahucios, fracaso del bipartidismo… etc. El movimiento tuvo gran repercusión mediática, y se extendió a todos los rincones del país con numerosas manifestaciones. La desconfianza que en ese momento había en la clase política era tremenda. Frases como “todos son iguales” o “sólo piensan en ellos mismos” estaban en bocas de todos. Y la verdad es que, viendo la gente que se sentaba en el Congreso y su escasa capacidad por lo general, el futuro parecía pintar muy negro.

Sin embargo, en los últimos meses hemos venido asistiendo a la irrupción de lo que parece ser una nueva ola de políticos. Al menos, hay indicios esperanzadores. Partidos jóvenes como Podemos o Ciudadanos, y en menor medida UPyD o IU, están cada vez más arriba en las encuestas de intención de voto, mientras el bipartidismo PP-PSOE se desmorona. Y este cambio de tendencia viene en gran parte motivado por esos nuevos nombres de los que hablamos. Gente joven, inteligente, preparada, que están sabiendo canalizar y aglutinar el malestar social existente, con discursos realistas y directos que huyen de los tópicos de los políticos tradicionales. Es gente que viene del mundo académico o profesional, que han sabido alejarse de la tradicional clasificación derechas-izquierdas o conservadores-progresistas para centrar el debate en torno al sentido común y los problemas reales de la gente. Además, estos nuevos políticos se han dado cuenta de la importancia que tienen hoy los medios y las redes sociales, y están muy presentes en tertulias de televisión o Twitter. Hay bastantes ejemplos, pero he querido centrarme en tres nombres. Tres jóvenes que nos hacen pensar en que otra forma de política es posible, que hay luz al final del túnel.


ALBERT RIVERA (Ciudadanos)

Albert Rivera Díaz (Barcelona, 1979) es el mayor de los tres. Licenciado en Derecho por ESADE, y con un Posgrado en Derecho Constitucional, es diputado en el Parlamento de Cataluña representando a Ciudadanos, del que es presidente desde 2006, poco después de su fundación. Hasta ahora el partido sólo se presentaba en Cataluña, pero debido al crecimiento que están viviendo, ya han anunciado que lo harán en toda España en los próximos comicios. Declarado como partido constitucionalista, progresista y anti-nacionalista, esta última ideología les ha traído problemas en Cataluña, y más a Rivera en particular. En sus primeros años recibió incluso amenazas de muerte, que le hicieron cuestionarse su continuidad en la política. Al final decidió seguir y hoy en día es uno de los políticos mejor valorados por la ciudadanía. De fuerte carácter, destaca por el carisma que tiene y por su discurso realista, valiente y directo.



ÍÑIGO ERREJÓN (Podemos)

Íñigo Errejón Galván (Madrid, 1983) es licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, donde también obtuvo el Doctorado. Secretario de Política de Podemos desde el pasado 15 de Noviembre, fue el jefe de campaña del nuevo partido para las elecciones al Parlamento Europeo de Mayo, cuyo resultado fue un rotundo éxito. Trabajó como investigador en Venezuela, y más recientemente en la Universidad de Málaga y en la Complutense, donde sigue en la actualidad. De discurso complejo y elaborado, a Errejón cuesta a veces incluso entender lo que dice, debido a su amplio vocabulario y enorme inteligencia. Es una de las cabezas pensantes de Podemos, ese partido nacido hace ahora un año y que está ya desafiando la correlación de fuerzas en la política española.



ALBERTO GARZÓN (Izquierda Unida)

Alberto Garzón Espinosa (Logroño, 1985) es el más joven. Estudió Economía en la Universidad de Málaga y más tarde cursó el máster de Economía Internacional y Desarrollo en la Complutense. Afiliado en las Juventudes Comunistas durante su juventud, es diputado por Izquierda Unida en el Congreso desde las Elecciones Generales de 2011, pocos meses después del 15-M, donde Alberto fue uno de los portavoces y miembros más activos. También es autor de varios libros y tesis económico-sociales. Es un joven de apariencia muy calmada, pero eso no minimiza su mensaje reivindicativo, directo y moderno. En un partido que parecía ir a la deriva, Garzón parece el idóneo para cambiar ese rumbo, y con apenas 29 años ya ha recibido la confianza de dirigentes históricos de su formación, como Julio Anguita. Actualmente es candidato a las primarias de Izquierda Unida donde se elegirá al líder del partido, puesto para el que es el gran favorito.

viernes, 9 de enero de 2015

¿Matar al mito?

¿Disciplina o auto-gestión? ¿Autoridad del entrenador o libertad de la estrella? ¿Trato igualitario o personalizado? Son preguntas muy recurrentes en el mundo del deporte, sobre el eterno debate de cómo se debe llevar el grupo por parte del entrenador. Hay opiniones de todo tipo. Estos días tal debate está muy de actualidad en Barcelona. 

La cada vez más deteriorada relación entre Luis Enrique y Leo Messi estalló definitivamente el pasado fin de semana. En el entrenamiento vespertino del Viernes, el crack le recriminó al técnico que no le pitase una falta durante el partidillo, y ambos se engancharon en una fuerte discusión. Cuentan que algún peso pesado tuvo que mediar para que la cosa no fuese a más. El Domingo, Luis Enrique decidió dejar a Leo en el banquillo de Anoeta, y al argentino no le sentó nada bien. Al día siguiente, el jugador se borró del entrenamiento a puertas abiertas simulando una gastroenteritis. Pero todo esto sólo ha sido la punta del iceberg. Desde hace ya un tiempo la relación entre ambos se ha venido complicando. La manera autoritaria que tiene el asturiano de llevar un vestuario parece no haber sentado bien a la estrella, de carácter ya de por sí muy delicado, quien además no soporta a algunos integrantes del staff técnico, sobre todo al psicólogo. Luis Enrique ya tuvo problemas en la Roma cuando decidió sentar en varios partidos a la leyenda romana Totti. Y es que parece que en su metodología está el tratar a todos por igual. Se llame como se llame. En principio, puede parecer la estrategia adecuada y la más justa, pero cuando en tu equipo tienes a un mito, uno de esos jugadores que salen cada 50 años, la cosa cambia. Y a lo mejor lo más inteligente es crear todas las condiciones para que el mito esté a gusto. Porque con él a gusto, los triunfos llegarán, y con ellos la felicidad de mucha gente. Guardiola, por ejemplo, lo entendió perfectamente y con él se vio al mejor Messi. También lo entendieron en Chicago, en los años 90, cuando disfrutaban del posiblemente mayor mito de la historia del deporte. Michael Jordan era conocedor y daba su consentimiento a todas y cada una de las decisiones que se tomaban en la franquicia de Illinois, pero hay una anécdota en concreto que lo escenifica muy bien. Fue durante la noche del Draft del año 1997. Jerry Krause, General Manager de los Bulls, consciente de la veteranía de aquella plantilla, estaba decidido a hacer algún movimiento con tal de rejuvenecerla, pensando en el futuro. La decisión estaba tomada. Enviarían a Scottie Pippen (32 años) a los Toronto Raptors, a cambio de la cuarta elección del Draft, que pensaban utilizar en el prometedor Tracy McGrady. Pero cuando todo estaba listo, una llamada de Jordan, amenazando con la retirada si traspasaban a su mejor amigo, dio al traste con la operación. Aquella temporada, con Jordan y Pippen al mando, los Chicago Bulls ganarían su sexto anillo de la NBA.  

Con todo esto no quiero decir que esté en contra de la disciplina y autoridad de entrenadores o directivos. Más bien lo contrario, con el 99,9% de los jugadores se deben aplicar, sobre todo para la buena dinámica del grupo y que nadie se sienta discriminado. Pero no con las leyendas. Salen muy de vez en cuando y las debemos cuidar. Curiosamente además, en sus vestuarios no suele pasar nunca nada, porque sus compañeros (como ocurre en este Barça y ocurría en aquellos Bulls) son los primeros que aceptan el status de su estrella y sus privilegios. Porque se los ha ganado. Y si la estrella sigue a gusto, ellos ganarán. Y ganaremos los aficionados, los verdaderamente importantes en este negocio. Y es que, no lo olvidemos, la gente que ama el deporte en todo el mundo lo hace por mitos como Leo Messi o Michael Jordan, y no por los entrenadores o directivos de turno. No matemos al mito.

martes, 23 de diciembre de 2014

Sólo con talento no basta (II)

Hace unos meses hablábamos de futbolistas que, a pesar de sus increíbles cualidades técnicas, no llegaron a triunfar. Ya sea por falta de ambición, de compromiso, de condiciones físicas o incluso de mala suerte, la realidad es que existe una lista larguísima de lo que podríamos llamar “cracks” que se quedaron en mucho menos de lo que apuntaban. No sólo en el fútbol se da este fenómeno, naturalmente. En un entorno tan competitivo como es el deporte de élite, sólo aquellos que reúnen todas las condiciones son capaces de triunfar en plenitud. Vamos a ver algunos ejemplos.

En el mundo del baloncesto tenemos muchos. Tracy McGrady es uno de los más evidentes. Ya en su época de Instituto, aquel chico de Barlow, Florida, dejaba muestras partido tras partido de su enorme talento. Un alero de 2,03 que podía hacer de base sin ningún problema. Es más, excepto de pívot, era capaz de jugar en cualquiera de las otras cuatro posiciones del campo. En aquella época, segunda mitad de los 90, ya empezaba una tendencia insólita hasta el momento y cada vez más frecuente de allá en adelante: el hecho de que chicos de 18 años se presentaran como elegibles en el Draft de la NBA, sin necesidad de pasar por la Universidad. Futuras estrellas como Kobe Bryant o Kevin Garnett, entre otros, desmontaron el mito de que era necesario madurar en las Universidades antes de dar el salto al profesionalismo. McGrady tomó idéntico camino, siendo elegido en la novena posición del Draft’97 por los Toronto Raptors. Allí pasó sus tres primeros años, y ya desde el primer día dio muestras de su calidad a pesar de su juventud. Sin embargo, le tocó vivir a la sombra de un jugador con mucho más cartel mediático, Vince Carter, que curiosamente era primo hermano suyo. De esta forma, durante esas temporadas Tracy se sentía limitado, tanto en minutos como en protagonismo sobre la cancha, y en 2000 decidió volver a casa, a Florida, y fichó por los Orlando Magic. Fue allá donde explotó definitivamente, en un equipo joven donde él era el absoluto líder. Sus puntos por partido se dispararon por encima de los 25, llegando a ser máximo anotador de la liga dos años consecutivos, en 2003 y 2004. Sin embargo, la falta de calidad de la plantilla evitaba año tras año que pasaran la primera ronda de Playoffs. En verano de 2004 McGrady, ya harto de la situación, pidió el traspaso a una franquicia con más posibilidad, y así fichó por Houston Rockets. Junto al pívot chino Yao Ming, el equipo parecía tener mejores mimbres, pero cada temporada la situación se repetía, y pese a que sus cifras individuales seguían siendo buenas, Tracy veía con frustración cómo siempre eran eliminados a las primeras de cambio en las eliminatorias por el título. Además, a partir de la Temporada 2008-2009 las lesiones en las rodillas empezaron a ser cada vez más recurrentes, limitando su rendimiento, y poco a poco su estrella se fue apagando. Sus últimos años fueron un continuo intento sin éxito de recuperar su mejor versión, y tras pasos efímeros por Nueva York, Detroit, Atlanta, San Antonio e incluso la liga china, se retiró en 2013 con apenas 35 años y sin hacer mucho ruido. De esta forma, un jugador con un talento y capacidad anotadora fuera de lo normal, terminó dejando una huella mucho menor de lo que apuntaba, y nunca estuvo ni siquiera cerca de conseguir triunfos colectivos. Falta de calidad en sus equipos, lesiones y un cierto carácter apático e individualista se interpusieron en su camino. Dos anécdotas me vienen a la cabeza al pensar en él: la admiración que le tenía el gran Andrés Montes (suya es la famosa frase “¿por qué eres tan bueno, McGrady?”) y los 13 puntos en 33 segundos que le endosó a los Spurs para remontar y ganar un partido de 2004, en un final apoteósico. Tremendo.


Otro ejemplo claro en baloncesto es el de Allen Iverson. Criado en el estado de Virgina, el joven Allen era un chico problemático. De carácter conflictivo, solía involucrarse con sus amigos en peleas y trifulcas. Incluso pasó unos meses en un correccional. A pesar de todo ello, el entrenador de los Hoyas de Georgetown, prestigiosa Universidad de Washington D.C., maravillado por los partidos que le vio en el Instituto, decidió darle una oportunidad y le ofreció una beca. Sus dos años allí se resumen fácil: terminó como el máximo anotador de la historia de Georgetown. En verano del ’96 los Philadelphia 76ers lo eligieron en la primera posición del Draft, y allí permaneció una década en la que se consagró como uno de los mayores ídolos de la ciudad de la costa Este. Iverson era un pequeño milagro dentro de la NBA. Apenas pasaba del 1,80 m. de estatura, pero eso no le impedía dominar los partidos de principio a fin. Y eso, en un deporte donde el físico es tan importante, es decir mucho. Hasta ese momento no se había visto nada igual. Esa falta de centímetros lo suplía con una velocidad, habilidad y lanzamiento a canasta sencillamente excepcionales. Guiados por Iverson, los 76ers fueron creciendo poco a poco, y el entrenador Larry Brown logró armar un equipo duro y disciplinado en defensa, para dejar total responsabilidad a su estrella en ataque. Quizás demasiada. Y es que en sus 10 temporadas en Philadelphia nunca dispuso de un equipo con demasiada calidad. Eso no evitó que el de Virgina les llevara a ser campeones de la Conferencia Este y por lo tanto finalistas de la NBA en 2001, final que perdieron contra los Lakers. Esa 2000-2001 fue el punto álgido de su carrera, ya que también logró el premio a MVP de la temporada regular. A partir de ahí llego la cuesta abajo y cada vez era más noticia por sus declaraciones o actos de indisciplina que por su juego. En 2006 fue traspasado a los Denver Nuggets, donde se juntaría con otra estrella de la liga, Carmelo Anthony, pero aquel equipo nunca funcionó. Sus últimos años fueron idénticos a los de McGrady, prácticamente deambulando por la liga, pasando por Detroit, Memphis, un regreso fugaz a Philadelphia y una aventura en Turquía, donde se retiró en 2011.

También en el mundo del tenis tenemos muchos ejemplos. El primero que me viene a la cabeza es el español Fernando Verdasco. El tenista madrileño dispone de una de las mejores zurdas del circuito y su talento está fuera de toda duda. Sin embargo, su fragilidad mental es y siempre ha sido su mayor hándicap. Y eso, en un deporte con tanto desgaste psicológico como el tenis, se paga caro. Capaz de mostrar lo mejor y lo peor de sí mismo en un mismo partido, su irregularidad, facilidad para desconcentrarse y la pérdida de nervios en momentos puntuales evitaron que se pudiera establecer entre los mejores del mundo, aunque en 2009 llegó a estar 7º en el Ránking ATP. Ese fue su mejor año, y en él nos dejó un partido para la historia. Fue en cuartos de final del Australian Open y el rival era su compañero y amigo Rafa Nadal. Yo aún lo recuerdo. Fueron 5 horas y 14 minutos (récord histórico de dicho torneo) de auténtico espectáculo y el 6-7, 6-4, 7-6, 6-7 y 6-4 final no deja lugar a dudas. Aquel partido lo acabó perdiendo, pero sirvió para que todo el mundo fuese testigo de su tremenda calidad y disfrutara de uno de los mejores partidos de la historia del tenis.


Otro tenista que pudo haber sido mucho más de lo que fue es el ruso Marat Safin. “El gigante tártaro” era una mezcla perfecta de talento y potencia. Con un físico envidiable de 1,95 m., disponía de uno de los saques más potentes del mundo, llegando incluso hasta los 230 km/h, pero no solo era eso, ya que a pesar de su gran tamaño disponía de una gran movilidad sobre la pista y mucha calidad. Sus primeras temporadas fueron tremendas. En el año 2000 ganó el US Open, el primero de los dos Grand Slams de su carrera (el segundo fue el Australian Open en 2005), y eso le sirvió para alcanzar el nº 1 del ATP con 20 añitos. Tenía potencial para haber marcado una época, pero no era todo oro lo que relucía. Su fuerte temperamento le llevaba fácilmente a perder los nervios (se dice que rompió unas 700 raquetas), y además le gustaba demasiado salir por la noche. Poco a poco su rendimiento fue descendiendo y acabó retirándose en 2009, sin ni siquiera haber cumplido los 30 años.

En el mundo del ciclismo debido al enorme desgaste que requiere su práctica, tanto físico como mental también tenemos muchos casos. Hay dos muy significativos para mí, el de dos escaladores. Marco Pantani e Iban Mayo. El del italiano podría parecer discutible el considerarlo como una decepción, puesto que sí consiguió llegar a la cima y con cierto éxito. Ganó un Giro de Italia y un Tour de Francia, los dos en 1998, pero repasando su carrera y viendo su facilidad para las etapas de alta montaña, podría haber dejado un legado mayor. Sus dos primeros años como profesional ya prometían, con pódiums y etapas en Giro y Tour (en este además ganó los dos años la clasificación a mejor joven), y una medalla de bronce en el Mundial en ruta de 1995. Cuando su carrera parecía despegar llegó el primer revés: un grave accidente al chocar con un coche que le produjo una doble fractura en su pierna que a punto estuvo de provocar su prematura retirada. Sin embargo logró volver, y de qué manera. Del 1997 al 1999 se pudo ver al mejor Pantani. En esas tres campañas consiguió numerosas victorias, destacando varias etapas en Giro y Tour, ganando incluso la clasificación general de ambos en 1998. El año siguiente iba camino también de éxito rotundo, hasta que llegó su verdadero punto de inflexión. A pocas etapas de terminar el Giro de 1999, el cual dominaba con autoridad y donde había ganado cuatro etapas, dio positivo por EPO y descalificado de inmediato. A partir de ese momento la sombra del dopaje voló siempre sobre él y, pese a dos etapas más en el Tour de 2000, sus cuatro últimos años fueron para olvidar, ya totalmente desmotivado. Por si fuera poco, su vida tuvo el final más trágico posible. En Febrero de 2004 fue hallado muerto en un hotel de Rimini, Italia, a la edad de 34 años y en circunstancias muy extrañas.

También escalador era el vasco Iban Mayo. Al igual que el italiano, poseía unas cualidades innatas para las etapas de alta montaña. De complexión delgada, se caracterizaba por una gran habilidad sobre la bicicleta, facilidad asombrosa para los cambios de ritmos y esa valentía y determinación de todo gran escalador. Debutó como profesional en 2000 en el equipo de su tierra, Euskaltel-Euskadi, aunque su gran temporada fue la 2003. Ganador de la Vuelta al País Vasco, donde ganó 3 etapas, y otras 2 más en la Dauphiné Libéré, llegaba en forma al Tour de Francia, y así lo demostró. En una etapa para el recuerdo, Mayo consiguió la victoria más prestigiosa de su carrera, con una exhibición en la ascensión al mítico Alpe d’Huez, superando con facilidad al mismísimo Lance Armstrong. Además, terminó en la clasificación general en un meritorio 6º puesto. Asombrado por su capacidad, a partir de ese momento el mundo del ciclismo le puso el listón muy alto, y lo consideró como uno de los candidatos a terminar con la hegemonía del americano en la ronda gala. Sin embargo, durante los tres años posteriores las caídas, enfermedades y su fragilidad mental provocaban que sus participaciones en el Tour terminaran en decepción, a pesar de que siempre parecía llegar en buen momento por sus buenas actuaciones en la Dauphiné, su carrera fetiche. Así, a finales de 2006, y tras enfrentamientos con la dirección de Euskaltel por su bajo rendimiento, no se llegó a un acuerdo para su renovación y fichó por Saunier Duval. El 2007 parecía el año de su resurgir, ganando incluso una etapa en el Giro con una gran escapada. Pero, al igual que Pantani, la sombra del dopaje se interpuso en su camino. Justo al terminar el Tour, donde terminó 16º, se dio a conocer su positivo por EPO. Irregularidades con la muestra B del análisis, alargaron el proceso, pero finalmente un año después, en Agosto de 2008 y pese a que la Federación Española exculpó al corredor por dichas irregularidades, el TAS le condenó a dos años de sanción por dopaje. Al conocerse la noticia Mayo, desencantado con el sistema y totalmente ya desmotivado, decidió retirarse con apenas 30 años, dejando su nombre como un ejemplo más de deportista que pudo haber sido… y no fue.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Mis 25 bandas sonoras de los últimos 25 años

Las bandas sonoras son un elemento muy importante en las películas. Si bien es cierto que una gran película no siempre tiene porqué tener una fantástica banda sonora, creo que la condición a la inversa sí se cumple. Las mejores bandas sonoras generalmente forman parte de grandes películas. Como se suele decir, para gustos colores, y soy consciente de que cada uno tendrá sus preferencias, y más en este tema tan subjetivo. Por eso quiero remarcar que expondré “mis” bandas sonoras preferidas, sin pretender buscar una lista definitiva ni nada por el estilo.

Pues nada, ahí van, las que bajo mi punto de vista son las mejores bandas sonoras del cine moderno, de los últimos 25 años, de lo que llevamos de siglo XXI y los 90’. Espero vuestras opiniones o sugerencias:


25º. MALDITOS BASTARDOS. Año: 2009. Compositor: Ennio Morricone.

24º. MYSTIC RIVER. 2003. Clint Eastwood.

23º. LEYENDAS DE PASIÓN. 1994. James Horner.

22º. CAMINO A LA PERDICIÓN. 2002. Thomas Newman.

21º. EL CABALLERO OSCURO. 2008. James Newton Howard y Hans Zimmer.

20º. HARRY POTTER. 2001, John Williams.

19º. LA ROCA. 1996. Nick Glennie-Smith y Hans Zimmer.

18º. BAILANDO CON LOBOS. 1990. John Barry.

17º. EL ÚLTIMO MOHICANO. 1992. Trevor Jones y Randy Edelman.

16º. SÓLO EN CASA. 1990. John Williams.

15º. LA LISTA DE SCHINDLER. 1993, John Williams.

14º. PIRATAS DEL CARIBE. 2003. Klaus Badelt.

13º. HOOK: EL CAPITÁN GARFIO. 1991. John Williams.

12º. AMELIE. 2001. Yann Tiersen.

11º. EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. 2001. Howard Shore.

10º. BRAVEHEART. 1995. James Horner.

9º. TITANIC. 1997. James Horner.

8º. REQUIEM POR UN SUEÑO. 2000. Clint Mansell.

7º. ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS. 2010. Danny Elfman.

6º. FORREST GUMP. 1994. Alan Slivestri.

5º. ROBIN HOOD: PRÍNCIPE DE LOS LADRONES. 1991. John Williams.

4º. LA VIDA ES BELLA. 1997. Nicola Piovani.

3º. PARQUE JURÁSICO. 1993, John Williams.

2º. BATMAN. 1990. Danny Elfman.

1º. GLADIATOR. 2000. Hans Zimmer.

martes, 7 de octubre de 2014

De aquellos barros, vienen estos lodos

Hoy, 6 de Octubre de 2014, se ha producido la noticia que nadie quería escuchar relacionada con el virus Ébola, por las terribles consecuencias que puede traer. A media tarde hora española, se hacía público el primer caso de contagio fuera de África. Y sí, ha sido en España. Una auxiliar de enfermería gallega, de 40 años, es la desgraciada protagonista, la cual fue una de las 30 personas que trató en el Hospital Carlos III de Madrid a los dos sacerdotes españoles infectados en Liberia y Sierra Leona. Ambos fueron repatriados en los últimos meses a España para ser tratados, pero finalmente fallecieron. La mujer comenzó a notar síntomas el 30 de Septiembre, y hoy ya en el primer análisis dio positivo. El segundo lo confirmó.

Una desgracia de esta magnitud exige de grandes responsables. Toca mirar arriba. Sin dejar de lado la responsabilidad que seguro también tendrán los altos cargos del Hospital y los jefes de departamento correspondientes, las miradas deben ir al Ministerio de Sanidad. A finales de 2011, Ana Mato fue nombrada Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y en concreto esta era la Sanidad que recogía, según un informe publicado en 2010 por la revista norteamericana Newsweek:


Pues bien, su gestión durante estos casi 3 años no ha podido ser más desastrosa. El sistema sanitario ha sido, junto al educativo, uno de los sectores que más ha sufrido los recortes que el Gobierno de Rajoy lleva aplicando durante toda esta legislatura. Menos mal que en su programa electoral nos prometieron que esos eran los dos pilares que no se iban a tocar… Un sistema sanitario que presumía de ser público, universal y gratuito se ha ido degradando completamente, con cada vez menos dinero invertido, la aparición de los copagos farmacéuticos, la reducción de personal y material médico en hospitales, las largas listas de espera,…etc. Por si fuera poco, el nombre de la Ministra también ha aparecido en las investigaciones de la famosa “Trama Gürtel”, el caso de corrupción que se ha convertido en un auténtico cáncer para el PP. Pero lo más alarmante es que todo este historial ya lo tenía a sus espaldas apenas unos meses después de entrar en el Gobierno, como le recordaban en el Congreso hace ya año y medio:



Como podemos ver, el caso del Ébola ha sido sólo la punta de un enorme iceberg. Iceberg o bola de nieve, lo que prefiráis. Una bola que cada vez es más grande y que cae cuesta abajo como lo hace nuestro país. Un país donde cada vez la gente lo pasa peor, con menos clase media y más pobreza, pero donde las grandes fortunas cada vez tienen más dinero. Increíble. En cualquier país medianamente serio ya habría habido dimisiones, pero esto es España señores. Aquí nadie dimite. La incompetencia parece no tener castigo, y eso en un político debería ser imperdonable. Estoy de acuerdo con Madina: esta señora (como muchos de sus compañeros) debería estar fuera del Gobierno desde hace ya meses. Pero nada, ahí sigue. Y ahí sigue aún a estas horas, 10 después ya de que se haya conocido el primer contagio de Ébola fuera de África. Y sí, ha sido en España. Nada ocurre por casualidad.

lunes, 2 de junio de 2014

¿D-E-M-O-C-R-A-C-I-A?

El Rey Juan Carlos abdica. Esta misma mañana anunció su renuncia a la Corona, alegando que es hora de dejar paso a las nuevas generaciones, en referencia al Príncipe Felipe. Aunque esa haya sido la versión oficial, su notable deterioro físico y la fuerte caída de popularidad de la Monarquía entre los españoles parecen haber sido los verdaderos motivos de su marcha, y por los que haya decidido dar un nuevo impulso a la institución dando paso a su hijo. El Rey se va, pero la monarquía parece que sigue. Ante el inminente nombramiento de Felipe VI, es el momento de ir al fondo de la cuestión, de analizar si en pleno siglo XXI, y con una España totalmente ya democratizada, es necesaria o no su figura.

La verdad es que los últimos años han sido una auténtica pesadilla para la Casa Real, principalmente por dos motivos. El primero, la implicación de Iñaki Urdangarín en el caso Nóos, por el que se le acusa de desviar dinero público a través de tal Instituto. A pesar de que desde Zarzuela intentaron desmarcarse rápidamente, apartándole de los actos públicos por su comportamiento “no ejemplar”, la reciente imputación también de su mujer, la Infanta Cristina, ha salpicado ya definitivamente a la Corona. El segundo foco de polémica lo forman los escándalos aparecidos últimamente sobre la vida privada del Rey, como sus cacerías por África (conocidas a causa de su fractura de cadera en Botswana en 2012) o su misteriosa relación con la Princesa Corinna, supuesta “asesora” del monarca en sus viajes. Todo esto ha provocado una caída en picado de la imagen de los Borbones entre los ciudadanos, y más aun teniendo en cuenta la situación económica y social en que nos encontramos. Estamos sin duda ante el momento más bajo de la Monarquía española en sus 40 años de reinado, siempre alabada por el papel que tuvo en la Transición. A mi este tema siempre me ha hecho mucha gracia. Nos hemos hartado de escuchar agradecimientos al Rey por cómo terminó con la Dictadura, por instaurar la democracia como forma de Gobierno, por no ponerse de parte de los golpistas el 23-F… ¡faltaría más! Lo raro y lo alarmante, digo yo, es que no hubiera hecho todo eso… simplemente hizo lo que tenía que hacer. No podemos agradecerle “no querer ser” otro dictador, no sé si me explico… Todos estos “méritos” le otorgaron una muy buena imagen (incluso fuera de nuestro país, donde en general está bien considerado), y evitaron que se debatiera entre Monarquía o República con tanta fuerza como hasta ahora. Aprovechando su renuncia, ha llegado el momento de plantearlo. Si España es de verdad una democracia consolidada (como por cierto han repetido esta mañana tanto él como Rajoy), ¿qué hay de malo en realizar un Referéndum y escuchar a la gente? ¿Puede haber algo más democrático que eso?

En mi opinión, llegó la hora de la República. Cuatro décadas después de la muerte de Franco, España es un país maduro, el sistema de partidos políticos funciona con total normalidad, y el Rey no tiene ya ninguna función. Si Felipe es tan inteligente y tan preparado como dicen, debería escuchar al pueblo. Sería lo más inteligente… y lo más democrático. Como lo sería también poder elegir entre todos al Jefe del Estado cada cuatro años. Eso sí es de verdad una D-E-M-O-C-R-A-C-I-A. Con todas las letras.