Este es un espacio para la reflexión, para el análisis, para la crítica. Repasaremos diferentes temas de actualidad. Y explicaremos porqué estamos de acuerdo... o porqué no.
"Las críticas no serán agradables, pero son necesarias". Winston Churchill.
A principios de los años 80 la Unión Soviética seguía totalmente enfrentada
con los Estados Unidos en la denominada Guerra Fría, con la amenaza nuclear
siempre presente. A pesar de la precaria situación de su población, los
soviéticos seguían destinando año tras año gran parte de sus recursos a la
partida militar. Sin embargo, en 1985 Mijail Gorbachov es elegido Secretario
General del PCUS y se atisba un cambio de rumbo. Acomete un plan de reformas
con el objetivo de salvar la economía y democratizar el Régimen, se adoptan medidas
económicas de carácter liberal y también se promete a los ciudadanos mayores
libertades. Es la conocida como Perestroika.
Verdaderamente la población empieza a gozar de más
libertad de expresión, se acaba con la censura de los medios, terminan las
represiones políticas y religiosas, pero las condiciones de vida de la gente no
mejoran, y se arrastran los problemas económicos y de producción de años atrás.
Los cambios no son suficientes para un sector del Partido, liderado por Boris
Yeltsin, que pide mayor celeridad y alcance en las medidas, y las divisiones
son cada vez más evidentes dentro del propio Gobierno.
En Noviembre de 1989 cae el Muro de Berlin, símbolo de
la separación entre el Bloque Occidental y el Comunista. Estados pro-soviéticos
hasta la fecha como Polonia, Hungría y Checoslovaquia, exigen que se abran las
fronteras y que sus ciudadanos puedan viajar libremente a los países occidentales.
Al mismo tiempo, la población alemana lleva ya tiempo aspirando a la
unificación de su territorio. Desde el Kremlin aceptan finalmente tales demandas
y no ponen impedimentos al derrumbe del muro, en pie desde hacía 28 años. Por
extensión, se considera también abolido el llamado “Telón de Acero”, la
frontera ideológica entre los países de la OTAN (occidentales) y los miembros
del Pacto de Varsovia (comunistas), vigente desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial. La URSS comienza a debilitarse.
Unos meses después, Gorbachov decide acudir en persona
a Lituania, para intentar calmar las ansias independentistas de gran parte de
la población. No lo consigue, y el país báltico declara poco después su
Independencia de forma unilateral. Se convierte en el primer Estado en
separarse de la Unión Soviética.
1991 es el año decisivo. Durante los primeros meses el
Secretario General, con el fin de enderezar la situación, decide dar un giro a
su política, y coloca en los cargos importantes a los comunistas más
conservadores. Se ordena la intervención militar en Lituania y Letonia, en un
intento a la desesperada por evitar el desmembramiento soviético. Los intentos
de golpes de Estado se saldan en fracaso ante la resistencia de la población, y
se producen varias muertes y centenares de heridos. La imagen de la URSS además
queda muy dañada a ojos del mundo.
A mediados de año, y valiéndose de las medidas
democráticas que se habían implantado, Boris Yeltsin logra convertirse en el
primer Presidente de Rusia y, debido a su posición contraria al Régimen
Soviético, las tensiones aumentan. En Moscú existen ahora dos Presidentes, que
además están totalmente distanciados.
El 19 de Agosto, aprovechando
un viaje de Gorbachov a Crimea, el sector más conservador del Partido promueve, junto al
Servicio de Inteligencia (KGB), un intento de Golpe de Estado en la capital, tras haberlo estado conspirando desde hacía meses. Sin
embargo, una multitud de ciudadanos decide mostrar su disconformidad, y en la
misma calle piden a los militares que no abran fuego. Las dudas crecen entre
los golpistas, y es entonces cuando Yeltsin aparece. El Presidente ruso
escenifica su rechazo al movimiento al subirse a uno de los tanques situados
frente al Parlamento y pide calma y unidad a la población, ratificando el orden
institucional. Los tanques empiezan a retirarse. Gorbachov, que había estado
aislado por el KGB en su residencia de Crimea durante los tres días que duró el
intento de Golpe, regresa entonces totalmente humillado y debilitado.
A principios de Diciembre, en Bielorrusia, se le
atesta el mazazo definitivo a la URSS. Los Presidentes de Rusia, Bielorrusia y
Ucrania firman, a espaldas de Gorbachov, un Tratado para la disolución del
gigante soviético, y declaran la creación de la Comunidad de Estados
Independientes (CEI). El día 21 en Almá-Atá (Kazajstán) el resto de Repúblicas
se les une y ratifican el acuerdo. Finalmente, el 25 de Diciembre de 1991, Gorbachov
presenta su dimisión como Presidente de la Unión Soviética y ésta, sin poderes
reales desde hacía ya varios meses, queda disuelta oficialmente.
Dos aspectos positivos se pueden sacar del proceso. Uno
es la llegada de la democracia a los Estados resultantes, donde la población
puede elegir libremente a sus representantes y goza de las libertades propias
de los países del primer mundo. Y la otra, los medios pacíficos con los que se
produjeron los acontecimientos. Un éxito sin duda, ya que por desgracia la
Historia nos ofrece multitud de ejemplos en los que cambios de Régimen o
creación de nuevos Estados se saldan con sangrientas guerras civiles.
Sin embargo, las prometidas mejoras para la población no son tan
evidentes, sobre todo en la gran Rusia. Las medidas liberales implantadas en
estos casi 25 años y la llegada de la Economía de Mercado no han logrado acabar
con las miserias comunistas, ni mucho menos. La gente más desfavorecida vive
incluso en peores condiciones que durante el periodo soviético, en un país
donde las diferencias sociales aumentan paulatinamente. Mientras que los ricos
son cada vez más ricos, el grueso de la población sufre cada día más. Muchas
cosas deben cambiar en un país donde la corrupción (a todos los niveles) está a
la orden del día, y en el que su gobierno parece estar más interesado en el
gasto militar y su política exterior, que en mejorar las condiciones de vida de
su gente.
La política española ha atravesado los últimos años
posiblemente el mayor bache en los casi 40 años de democracia que llevamos. La
gente de la calle ha ido paulatinamente perdiendo la confianza en “sus
representantes”, a medida que aumentaban (o al menos se iban haciendo públicos)
los casos de corrupción, y también su mala gestión ante la crisis que está
sufriendo Europa y en mayor grado España. Utilizo las comillas porque esa
función es la que en teoría debería tener un político, la de representar la
voluntad popular y atender sus necesidades, pero después en la práctica hemos
visto como en muchos casos no ha sido así. Tenemos multitud de ejemplos, sobre
todo en los dos partidos que han gobernado mayoritariamente en nuestro país (PP
y PSOE), de gente que únicamente ha actuado en beneficio particular, o al menos
lo ha priorizado sobre el servicio público. El resultado: un país quebrado
económica y socialmente, y con unos ciudadanos cada vez pasándolo peor que
señalan a los políticos como máximos responsables. El 15 de Mayo de 2011 se
llegó al punto álgido de toda esta frustración. El después llamado Movimiento
15-M (o movimiento de los indignados) fueron unas protestas pacíficas que
comenzaron ese día en la Puerta del Sol (Madrid), con las que la gente ponía de
manifiesto su malestar. Las causas que lo motivaron fueron tales como: crisis
económica, casos de corrupción, medidas de austeridad, nula democracia
representativa, desempleo, desahucios, fracaso del bipartidismo… etc. El
movimiento tuvo gran repercusión mediática, y se extendió a todos los rincones
del país con numerosas manifestaciones. La desconfianza que en ese momento
había en la clase política era tremenda. Frases como “todos son iguales” o
“sólo piensan en ellos mismos” estaban en bocas de todos. Y la verdad es que,
viendo la gente que se sentaba en el Congreso y su escasa capacidad por lo
general, el futuro parecía pintar muy negro.
Sin embargo, en los últimos meses hemos venido
asistiendo a la irrupción de lo que parece ser una nueva ola de políticos. Al
menos, hay indicios esperanzadores. Partidos jóvenes como Podemos o Ciudadanos,
y en menor medida UPyD o IU, están cada vez más arriba en las encuestas de
intención de voto, mientras el bipartidismo PP-PSOE se desmorona. Y este cambio
de tendencia viene en gran parte motivado por esos nuevos nombres de los que
hablamos. Gente joven, inteligente, preparada, que están sabiendo canalizar y
aglutinar el malestar social existente, con discursos realistas y directos que
huyen de los tópicos de los políticos tradicionales. Es gente que viene del
mundo académico o profesional, que han sabido alejarse de la tradicional
clasificación derechas-izquierdas o conservadores-progresistas para centrar el
debate en torno al sentido común y los problemas reales de la gente. Además,
estos nuevos políticos se han dado cuenta de la importancia que tienen hoy los medios
y las redes sociales, y están muy presentes en tertulias de televisión o Twitter. Hay
bastantes ejemplos, pero he querido centrarme en tres nombres. Tres jóvenes que
nos hacen pensar en que otra forma de política es posible, que hay luz al final
del túnel.
ALBERT RIVERA (Ciudadanos)
Albert Rivera Díaz (Barcelona, 1979) es el mayor de
los tres. Licenciado en Derecho por ESADE, y con un Posgrado en Derecho
Constitucional, es diputado en el Parlamento de Cataluña representando a
Ciudadanos, del que es presidente desde 2006, poco después de su fundación.
Hasta ahora el partido sólo se presentaba en Cataluña, pero debido al
crecimiento que están viviendo, ya han anunciado que lo harán en toda España en
los próximos comicios. Declarado como partido constitucionalista, progresista y
anti-nacionalista, esta última ideología les ha traído problemas en Cataluña, y
más a Rivera en particular. En sus primeros años recibió incluso amenazas de
muerte, que le hicieron cuestionarse su continuidad en la política. Al final
decidió seguir y hoy en día es uno de los políticos mejor valorados por la
ciudadanía. De fuerte carácter, destaca por el carisma que tiene y por su
discurso realista, valiente y directo.
ÍÑIGO ERREJÓN (Podemos)
Íñigo Errejón Galván (Madrid, 1983) es licenciado en
Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, donde también
obtuvo el Doctorado. Secretario de Política de Podemos desde el pasado 15 de
Noviembre, fue el jefe de campaña del nuevo partido para las elecciones al
Parlamento Europeo de Mayo, cuyo resultado fue un rotundo éxito. Trabajó como
investigador en Venezuela, y más recientemente en la Universidad de Málaga y en
la Complutense, donde sigue en la actualidad. De discurso complejo y elaborado,
a Errejón cuesta a veces incluso entender lo que dice, debido a su amplio
vocabulario y enorme inteligencia. Es una de las cabezas pensantes de Podemos,
ese partido nacido hace ahora un año y que está ya desafiando la correlación
de fuerzas en la política española.
ALBERTO GARZÓN (Izquierda Unida)
Alberto Garzón Espinosa (Logroño, 1985) es el más
joven. Estudió Economía en la Universidad de Málaga y más tarde cursó el máster
de Economía Internacional y Desarrollo en la Complutense. Afiliado en las
Juventudes Comunistas durante su juventud, es diputado por Izquierda Unida en
el Congreso desde las Elecciones Generales de 2011, pocos meses después del
15-M, donde Alberto fue uno de los portavoces y miembros más activos. También
es autor de varios libros y tesis económico-sociales. Es un joven de apariencia
muy calmada, pero eso no minimiza su mensaje reivindicativo, directo y moderno.
En un partido que parecía ir a la deriva, Garzón parece el idóneo para cambiar
ese rumbo, y con apenas 29 años ya ha recibido la confianza de dirigentes
históricos de su formación, como Julio Anguita. Actualmente es candidato a las
primarias de Izquierda Unida donde se elegirá al líder del partido, puesto para
el que es el gran favorito.
¿Disciplina
o auto-gestión? ¿Autoridad del entrenador o libertad de la estrella? ¿Trato
igualitario o personalizado? Son preguntas muy recurrentes en el mundo del
deporte, sobre el eterno debate de cómo se debe llevar el grupo por parte del
entrenador. Hay opiniones de todo tipo. Estos
días tal debate está muy de actualidad en Barcelona.
La cada vez más
deteriorada relación entre Luis Enrique y Leo Messi estalló definitivamente el
pasado fin de semana. En el entrenamiento vespertino del Viernes, el crack le
recriminó al técnico que no le pitase una falta durante el partidillo, y ambos
se engancharon en una fuerte discusión. Cuentan que algún peso pesado tuvo que
mediar para que la cosa no fuese a más. El Domingo, Luis Enrique decidió dejar
a Leo en el banquillo de Anoeta, y al argentino no le sentó nada bien. Al día
siguiente, el jugador se borró del entrenamiento a puertas abiertas simulando
una gastroenteritis. Pero todo esto sólo ha sido la punta del iceberg. Desde
hace ya un tiempo la relación entre ambos se ha venido complicando. La manera
autoritaria que tiene el asturiano de llevar un vestuario parece no haber
sentado bien a la estrella, de carácter ya de por sí muy delicado, quien además
no soporta a algunos integrantes del staff técnico, sobre todo al psicólogo. Luis
Enrique ya tuvo problemas en la Roma cuando decidió sentar en varios partidos a
la leyenda romana Totti. Y es que parece que en su metodología está el tratar a
todos por igual. Se llame como se llame. En principio, puede parecer la
estrategia adecuada y la más justa, pero cuando en tu equipo tienes a un mito,
uno de esos jugadores que salen cada 50 años, la cosa cambia. Y a lo mejor lo
más inteligente es crear todas las condiciones para que el mito esté a gusto.
Porque con él a gusto, los triunfos llegarán, y con ellos la felicidad de mucha
gente. Guardiola, por ejemplo, lo entendió perfectamente y con él se vio al
mejor Messi. También lo entendieron en Chicago, en los años 90, cuando disfrutaban
del posiblemente mayor mito de la historia del deporte. Michael Jordan era conocedor
y daba su consentimiento a todas y cada una de las decisiones que se tomaban en
la franquicia de Illinois, pero hay una anécdota en concreto que lo escenifica
muy bien. Fue durante la noche del Draft del año 1997. Jerry Krause, General Manager de los Bulls, consciente de la veteranía de aquella plantilla,
estaba decidido a hacer algún movimiento con tal de rejuvenecerla, pensando en
el futuro. La decisión estaba tomada. Enviarían a Scottie Pippen (32 años) a
los Toronto Raptors, a cambio de la cuarta elección del Draft, que pensaban
utilizar en el prometedor Tracy McGrady. Pero cuando todo estaba listo, una
llamada de Jordan, amenazando con la retirada si traspasaban a su mejor amigo,
dio al traste con la operación. Aquella temporada, con Jordan y Pippen al
mando, los Chicago Bulls ganarían su sexto anillo de la NBA.
Con todo esto no quiero decir que esté en contra de la disciplina y autoridad de entrenadores o directivos. Más bien lo contrario, con el 99,9% de los jugadores se deben aplicar, sobre todo para la buena dinámica del grupo y que nadie se sienta discriminado. Pero no con las leyendas. Salen muy de vez en cuando y las debemos cuidar. Curiosamente además, en sus vestuarios no suele pasar nunca nada, porque sus compañeros (como ocurre en este Barça y ocurría en aquellos Bulls) son los primeros que aceptan el status de su estrella y sus privilegios. Porque se los ha ganado. Y si la estrella sigue a gusto, ellos ganarán. Y ganaremos los aficionados, los verdaderamente importantes en este negocio. Y es que, no lo olvidemos, la gente que ama el deporte en todo el mundo lo hace por mitos como Leo Messi o Michael Jordan, y no por los entrenadores o directivos de turno. No matemos al mito.
Hace
unos meses hablábamos de futbolistas que, a pesar de sus increíbles cualidades
técnicas, no llegaron a triunfar. Ya sea por falta de ambición, de compromiso, de
condiciones físicas o incluso de mala suerte, la realidad es que existe una
lista larguísima de lo que podríamos llamar “cracks” que se quedaron en mucho
menos de lo que apuntaban. No sólo en el fútbol se da este fenómeno,
naturalmente. En un entorno tan competitivo como es el deporte de élite, sólo
aquellos que reúnen todas las condiciones son capaces de triunfar en plenitud.
Vamos a ver algunos ejemplos.
En
el mundo del baloncesto tenemos muchos. Tracy McGrady es uno de los más
evidentes. Ya en su época de Instituto, aquel chico de Barlow, Florida, dejaba
muestras partido tras partido de su enorme talento. Un alero de 2,03 que podía
hacer de base sin ningún problema. Es más, excepto de pívot, era capaz de jugar
en cualquiera de las otras cuatro posiciones del campo. En aquella época, segunda
mitad de los 90, ya empezaba una tendencia insólita hasta el momento y cada vez
más frecuente de allá en adelante: el hecho de que chicos de 18 años se
presentaran como elegibles en el Draft de la NBA, sin necesidad de pasar por la
Universidad. Futuras estrellas como Kobe Bryant o Kevin Garnett, entre otros, desmontaron
el mito de que era necesario madurar en las Universidades antes de dar el salto
al profesionalismo. McGrady tomó idéntico camino, siendo elegido en la novena
posición del Draft’97 por los Toronto Raptors. Allí pasó sus tres primeros
años, y ya desde el primer día dio muestras de su calidad a pesar de su
juventud. Sin embargo, le tocó vivir a la sombra de un jugador con mucho más cartel
mediático, Vince Carter, que curiosamente era primo hermano suyo. De esta
forma, durante esas temporadas Tracy se sentía limitado, tanto en minutos como
en protagonismo sobre la cancha, y en 2000 decidió volver a casa, a Florida, y
fichó por los Orlando Magic. Fue allá donde explotó definitivamente, en un
equipo joven donde él era el absoluto líder. Sus puntos por partido se
dispararon por encima de los 25, llegando a ser máximo anotador de la liga dos
años consecutivos, en 2003 y 2004. Sin embargo, la falta de calidad de la
plantilla evitaba año tras año que pasaran la primera ronda de Playoffs. En
verano de 2004 McGrady, ya harto de la situación, pidió el traspaso a una
franquicia con más posibilidad, y así fichó por Houston Rockets. Junto al pívot
chino Yao Ming, el equipo parecía tener mejores mimbres, pero cada temporada la
situación se repetía, y pese a que sus cifras individuales seguían siendo
buenas, Tracy veía con frustración cómo siempre eran eliminados a las primeras
de cambio en las eliminatorias por el título. Además, a partir de la Temporada
2008-2009 las lesiones en las rodillas empezaron a ser cada vez más
recurrentes, limitando su rendimiento, y poco a poco su estrella se fue
apagando. Sus últimos años fueron un continuo intento sin éxito de recuperar su
mejor versión, y tras pasos efímeros por Nueva York, Detroit, Atlanta, San
Antonio e incluso la liga china, se retiró en 2013 con apenas 35 años y sin
hacer mucho ruido. De esta forma, un jugador con un talento y capacidad
anotadora fuera de lo normal, terminó dejando una huella mucho menor de lo que
apuntaba, y nunca estuvo ni siquiera cerca de conseguir triunfos colectivos.
Falta de calidad en sus equipos, lesiones y un cierto carácter apático e
individualista se interpusieron en su camino. Dos anécdotas me vienen a la
cabeza al pensar en él: la admiración que le tenía el gran Andrés Montes (suya
es la famosa frase “¿por qué eres tan bueno, McGrady?”) y los 13 puntos en 33
segundos que le endosó a los Spurs para remontar y ganar un partido de 2004, en
un final apoteósico. Tremendo.
Otro
ejemplo claro en baloncesto es el de Allen Iverson. Criado en el estado de
Virgina, el joven Allen era un chico problemático. De carácter conflictivo,
solía involucrarse con sus amigos en peleas y trifulcas. Incluso pasó unos
meses en un correccional. A pesar de todo ello, el entrenador de los Hoyas de
Georgetown, prestigiosa Universidad de Washington D.C., maravillado por los
partidos que le vio en el Instituto, decidió darle una oportunidad y le ofreció
una beca. Sus dos años allí se resumen fácil: terminó como el máximo anotador
de la historia de Georgetown. En verano del ’96 los Philadelphia 76ers lo
eligieron en la primera posición del Draft, y allí permaneció una década en la
que se consagró como uno de los mayores ídolos de la ciudad de la costa Este.
Iverson era un pequeño milagro dentro de la NBA. Apenas pasaba del 1,80 m. de
estatura, pero eso no le impedía dominar los partidos de principio a fin. Y eso,
en un deporte donde el físico es tan importante, es decir mucho. Hasta ese
momento no se había visto nada igual. Esa falta de centímetros lo suplía con
una velocidad, habilidad y lanzamiento a canasta sencillamente excepcionales.
Guiados por Iverson, los 76ers fueron creciendo poco a poco, y el entrenador
Larry Brown logró armar un equipo duro y disciplinado en defensa, para dejar
total responsabilidad a su estrella en ataque. Quizás demasiada. Y es que en
sus 10 temporadas en Philadelphia nunca dispuso de un equipo con demasiada
calidad. Eso no evitó que el de Virgina les llevara a ser campeones de la
Conferencia Este y por lo tanto finalistas de la NBA en 2001, final que
perdieron contra los Lakers. Esa 2000-2001 fue el punto álgido de su carrera,
ya que también logró el premio a MVP de la temporada regular. A partir de ahí
llego la cuesta abajo y cada vez era más noticia por sus declaraciones o actos
de indisciplina que por su juego. En 2006 fue traspasado a los Denver Nuggets,
donde se juntaría con otra estrella de la liga, Carmelo Anthony, pero aquel
equipo nunca funcionó. Sus últimos años fueron idénticos a los de McGrady,
prácticamente deambulando por la liga, pasando por Detroit, Memphis, un regreso
fugaz a Philadelphia y una aventura en Turquía, donde se retiró en 2011.
También
en el mundo del tenis tenemos muchos ejemplos. El primero que me viene a la cabeza
es el español Fernando Verdasco. El tenista madrileño dispone de una de las
mejores zurdas del circuito y su talento está fuera de toda duda. Sin embargo,
su fragilidad mental es y siempre ha sido su mayor hándicap. Y eso, en un
deporte con tanto desgaste psicológico como el tenis, se paga caro. Capaz de
mostrar lo mejor y lo peor de sí mismo en un mismo partido, su irregularidad,
facilidad para desconcentrarse y la pérdida de nervios en momentos puntuales
evitaron que se pudiera establecer entre los mejores del mundo, aunque en 2009
llegó a estar 7º en el Ránking ATP. Ese fue su mejor año, y en él nos dejó un
partido para la historia. Fue en cuartos de final del Australian Open y el
rival era su compañero y amigo Rafa Nadal. Yo aún lo recuerdo. Fueron 5 horas y
14 minutos (récord histórico de dicho torneo) de auténtico espectáculo y el
6-7, 6-4, 7-6, 6-7 y 6-4 final no deja lugar a dudas. Aquel partido lo acabó
perdiendo, pero sirvió para que todo el mundo fuese testigo de su tremenda
calidad y disfrutara de uno de los mejores partidos de la historia del tenis.
Otro
tenista que pudo haber sido mucho más de lo que fue es el ruso Marat Safin. “El
gigante tártaro” era una mezcla perfecta de talento y potencia. Con un físico
envidiable de 1,95 m., disponía de uno de los saques más potentes del mundo,
llegando incluso hasta los 230 km/h, pero no solo era eso, ya que a pesar de su
gran tamaño disponía de una gran movilidad sobre la pista y mucha calidad. Sus
primeras temporadas fueron tremendas. En el año 2000 ganó el US Open, el
primero de los dos Grand Slams de su carrera (el segundo fue el Australian Open
en 2005), y eso le sirvió para alcanzar el nº 1 del ATP con 20 añitos. Tenía
potencial para haber marcado una época, pero no era todo oro lo que relucía. Su
fuerte temperamento le llevaba fácilmente a perder los nervios (se dice que
rompió unas 700 raquetas), y además le gustaba demasiado salir por la noche.
Poco a poco su rendimiento fue descendiendo y acabó retirándose en 2009, sin ni
siquiera haber cumplido los 30 años.
En
el mundo del ciclismo debido al enorme desgaste que requiere su práctica, tanto
físico como mental también tenemos muchos casos. Hay dos muy significativos
para mí, el de dos escaladores. Marco Pantani e Iban Mayo. El del italiano
podría parecer discutible el considerarlo como una decepción, puesto que sí
consiguió llegar a la cima y con cierto éxito. Ganó un Giro de Italia y un Tour
de Francia, los dos en 1998, pero repasando su carrera y viendo su facilidad
para las etapas de alta montaña, podría haber dejado un legado mayor. Sus dos
primeros años como profesional ya prometían, con pódiums y etapas en Giro y
Tour (en este además ganó los dos años la clasificación a mejor joven), y una
medalla de bronce en el Mundial en ruta de 1995. Cuando su carrera parecía
despegar llegó el primer revés: un grave accidente al chocar con un coche que
le produjo una doble fractura en su pierna que a punto estuvo de provocar su
prematura retirada. Sin embargo logró volver, y de qué manera. Del 1997 al 1999
se pudo ver al mejor Pantani. En esas tres campañas consiguió numerosas
victorias, destacando varias etapas en Giro y Tour, ganando incluso la
clasificación general de ambos en 1998. El año siguiente iba camino también de
éxito rotundo, hasta que llegó su verdadero punto de inflexión. A pocas etapas
de terminar el Giro de 1999, el cual dominaba con autoridad y donde había
ganado cuatro etapas, dio positivo por EPO y descalificado de inmediato. A
partir de ese momento la sombra del dopaje voló siempre sobre él y, pese a dos
etapas más en el Tour de 2000, sus cuatro últimos años fueron para olvidar, ya
totalmente desmotivado. Por si fuera poco, su vida tuvo el final más trágico
posible. En Febrero de 2004 fue hallado muerto en un hotel de Rimini, Italia, a
la edad de 34 años y en circunstancias muy extrañas.
También
escalador era el vasco Iban Mayo. Al igual que el italiano, poseía unas
cualidades innatas para las etapas de alta montaña. De complexión delgada, se
caracterizaba por una gran habilidad sobre la bicicleta, facilidad asombrosa
para los cambios de ritmos y esa valentía y determinación de todo gran
escalador. Debutó como profesional en 2000 en el equipo de su tierra, Euskaltel-Euskadi,
aunque su gran temporada fue la 2003. Ganador de la Vuelta al País Vasco, donde
ganó 3 etapas, y otras 2 más en la Dauphiné Libéré, llegaba en forma al Tour de
Francia, y así lo demostró. En una etapa para el recuerdo, Mayo consiguió la
victoria más prestigiosa de su carrera, con una exhibición en la ascensión al
mítico Alpe d’Huez, superando con facilidad al mismísimo Lance Armstrong.
Además, terminó en la clasificación general en un meritorio 6º puesto.
Asombrado por su capacidad, a partir de ese momento el mundo del ciclismo le
puso el listón muy alto, y lo consideró como uno de los candidatos a terminar
con la hegemonía del americano en la ronda gala. Sin embargo, durante los tres
años posteriores las caídas, enfermedades y su fragilidad mental provocaban que
sus participaciones en el Tour terminaran en decepción, a pesar de que siempre parecía
llegar en buen momento por sus buenas actuaciones en la Dauphiné, su carrera
fetiche. Así, a finales de 2006, y tras enfrentamientos con la dirección de
Euskaltel por su bajo rendimiento, no se llegó a un acuerdo para su renovación
y fichó por Saunier Duval. El 2007 parecía el año de su resurgir, ganando
incluso una etapa en el Giro con una gran escapada. Pero, al igual que Pantani,
la sombra del dopaje se interpuso en su camino. Justo al terminar el Tour,
donde terminó 16º, se dio a conocer su positivo por EPO. Irregularidades con la
muestra B del análisis, alargaron el proceso, pero finalmente un año después,
en Agosto de 2008 y pese a que la Federación Española exculpó al corredor por
dichas irregularidades, el TAS le condenó a dos años de sanción por dopaje. Al
conocerse la noticia Mayo, desencantado con el sistema y totalmente ya
desmotivado, decidió retirarse con apenas 30 años, dejando su nombre como un
ejemplo más de deportista que pudo haber sido… y no fue.
Las bandas sonoras son un elemento muy importante en las películas. Si bien
es cierto que una gran película no siempre tiene porqué tener una fantástica
banda sonora, creo que la condición a la inversa sí se cumple. Las mejores bandas sonoras
generalmente forman parte de grandes películas. Como se
suele decir, para gustos colores, y soy consciente de que cada uno tendrá sus
preferencias, y más en este tema tan subjetivo. Por eso quiero remarcar que expondré “mis” bandas sonoras preferidas, sin pretender buscar una lista
definitiva ni nada por el estilo.
Pues nada, ahí van, las que bajo mi punto de vista son las mejores bandas
sonoras del cine moderno, de los últimos 25 años, de lo que llevamos de siglo
XXI y los 90’. Espero vuestras opiniones o sugerencias:
Hoy,
6 de Octubre de 2014, se ha producido la noticia que nadie quería escuchar
relacionada con el virus Ébola, por las terribles consecuencias que puede
traer. A media tarde hora española, se hacía público el primer caso de contagio
fuera de África. Y sí, ha sido en España. Una auxiliar de enfermería gallega,
de 40 años, es la desgraciada protagonista, la cual fue una de las 30 personas
que trató en el Hospital Carlos III de Madrid a los dos sacerdotes españoles
infectados en Liberia y Sierra Leona. Ambos fueron repatriados en los últimos
meses a España para ser tratados, pero finalmente fallecieron. La mujer comenzó
a notar síntomas el 30 de Septiembre, y hoy ya en el primer análisis dio
positivo. El segundo lo confirmó.
Una
desgracia de esta magnitud exige de grandes responsables. Toca mirar arriba.
Sin dejar de lado la responsabilidad que seguro también tendrán los altos
cargos del Hospital y los jefes de departamento correspondientes, las
miradas deben ir al Ministerio de Sanidad. A finales de 2011, Ana Mato fue
nombrada Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y en concreto esta
era la Sanidad que recogía, según un informe publicado en 2010 por la revista norteamericana Newsweek:
Pues
bien, su gestión durante estos casi 3 años no ha podido ser más desastrosa. El
sistema sanitario ha sido, junto al educativo, uno de los sectores que más ha
sufrido los recortes que el Gobierno de Rajoy lleva aplicando durante toda esta
legislatura. Menos mal que en su programa electoral nos prometieron que esos
eran los dos pilares que no se iban a tocar… Un sistema sanitario que presumía
de ser público, universal y gratuito se ha ido degradando completamente, con cada
vez menos dinero invertido, la aparición de los copagos farmacéuticos, la
reducción de personal y material médico en hospitales, las largas listas de
espera,…etc. Por si fuera poco, el nombre de la Ministra también ha aparecido
en las investigaciones de la famosa “Trama Gürtel”, el caso de corrupción que
se ha convertido en un auténtico cáncer para el PP. Pero lo más alarmante es que
todo este historial ya lo tenía a sus espaldas apenas unos meses después de
entrar en el Gobierno, como le recordaban en el Congreso hace ya año y medio:
Como
podemos ver, el caso del Ébola ha sido sólo la punta de un enorme iceberg. Iceberg
o bola de nieve, lo que prefiráis. Una bola que cada vez es más grande y que
cae cuesta abajo como lo hace nuestro país. Un país donde cada vez la gente lo
pasa peor, con menos clase media y más pobreza, pero donde las grandes fortunas
cada vez tienen más dinero. Increíble. En cualquier país medianamente serio ya
habría habido dimisiones, pero esto es España señores. Aquí nadie dimite. La
incompetencia parece no tener castigo, y eso en un político debería ser
imperdonable. Estoy de acuerdo con Madina: esta señora (como muchos de sus
compañeros) debería estar fuera del Gobierno desde hace ya meses. Pero nada, ahí
sigue. Y ahí sigue aún a estas horas, 10 después ya de que se haya conocido el
primer contagio de Ébola fuera de África. Y sí, ha sido en España. Nada ocurre por casualidad.
El Rey Juan Carlos abdica. Esta misma mañana anunció su renuncia a la
Corona, alegando que es hora de dejar paso a las nuevas generaciones, en
referencia al Príncipe Felipe. Aunque esa haya sido la versión oficial, su notable
deterioro físico y la fuerte caída de popularidad de la Monarquía entre los
españoles parecen haber sido los verdaderos motivos de su marcha, y por los que
haya decidido dar un nuevo impulso a la institución dando paso a su hijo. El
Rey se va, pero la monarquía parece que sigue. Ante el inminente nombramiento
de Felipe VI, es el momento de ir al fondo de la cuestión, de analizar si en
pleno siglo XXI, y con una España totalmente ya democratizada, es necesaria o
no su figura.
La verdad es que los últimos años han sido una auténtica pesadilla para la
Casa Real, principalmente por dos motivos. El primero, la implicación de Iñaki
Urdangarín en el caso Nóos, por el que se le acusa de desviar dinero público a
través de tal Instituto. A pesar de que desde Zarzuela intentaron desmarcarse
rápidamente, apartándole de los actos públicos por su comportamiento “no
ejemplar”, la reciente imputación también de su mujer, la Infanta Cristina, ha salpicado
ya definitivamente a la Corona. El segundo foco de polémica lo forman los escándalos
aparecidos últimamente sobre la vida privada del Rey, como sus cacerías por África (conocidas a causa de su fractura de cadera en Botswana en 2012) o su
misteriosa relación con la Princesa Corinna, supuesta “asesora” del monarca en
sus viajes. Todo esto ha provocado una caída en picado de la imagen de los
Borbones entre los ciudadanos, y más aun teniendo en cuenta la situación
económica y social en que nos encontramos. Estamos sin duda ante el momento más
bajo de la Monarquía española en sus 40 años de reinado, siempre alabada por el
papel que tuvo en la Transición. A mi este tema siempre me ha hecho mucha
gracia. Nos hemos hartado de escuchar agradecimientos al Rey por cómo terminó
con la Dictadura, por instaurar la democracia como forma de Gobierno, por no
ponerse de parte de los golpistas el 23-F… ¡faltaría más! Lo raro y lo
alarmante, digo yo, es que no hubiera hecho todo eso… simplemente hizo
lo que tenía que hacer. No podemos agradecerle “no querer ser” otro dictador,
no sé si me explico… Todos estos “méritos” le otorgaron una muy buena imagen
(incluso fuera de nuestro país, donde en general está bien considerado), y evitaron
que se debatiera entre Monarquía o República con tanta fuerza como hasta ahora. Aprovechando su renuncia, ha llegado el momento de plantearlo. Si España es de verdad una democracia
consolidada (como por cierto han repetido esta mañana tanto él como Rajoy),
¿qué hay de malo en realizar un Referéndum y escuchar a la gente? ¿Puede haber
algo más democrático que eso?
En mi opinión, llegó la hora de la República. Cuatro décadas después de
la muerte de Franco, España es un país maduro, el sistema de partidos
políticos funciona con total normalidad, y el Rey no tiene ya ninguna función. Si
Felipe es tan inteligente y tan preparado como dicen, debería escuchar al
pueblo. Sería lo más inteligente… y lo más democrático. Como lo sería también poder
elegir entre todos al Jefe del Estado cada cuatro años. Eso sí es de verdad una D-E-M-O-C-R-A-C-I-A.
Con todas las letras.