"Las críticas no serán agradables, pero son necesarias". Winston Churchill.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Una historia de violencia

El pasado Sábado en Buenos Aires se iba a vivir una jornada histórica, el duelo de vuelta de la primera final de la Copa Libertadores entre dos equipos de una misma ciudad... y qué equipos, además. River Plate y Boca Juniors son los dos más grandes del fútbol argentino, del latinoamericano quizás, y se volvían a ver las caras en el Monumental tras el apasionante 2-2 de la Bombonera.

Con los ojos de todo el mundo mirando hacia allá, la fiesta terminó siendo una pesadilla. Horas antes del pitido inicial el autobús de los xeneizes era brutalmente apedreado a pocos metros del estadio, hiriendo a varios jugadores e integrantes del cuerpo técnico. Además, unas fuerzas de seguridad totalmente desbordadas lanzaban gas lacrimógeno con tal de dispersar a los violentos, pero debido a su proximidad con el autobús varios jugadores acabaron intoxicados durante su acceso al estadio. Mientras la CONMEBOL, el ente organizador, constataba el estado de la expedición de Boca en los vestuarios, la situación se desbordaba por completo en las calles aledañas, donde tenía lugar una auténtica batalla campal entre los hinchas más violentos de River y la policía. Mientras el capitán visitante Pablo Pérez y el joven Gonzalo Lamardo iban camino al hospital, las autoridades y los dirigentes presionaban para que se disputara el encuentro, incluso postergándolo hasta en tres ocasiones. Algo incomprensible para todo aquel que no sepa cómo suele funcionar la CONMEBOL. Finalmente los jugadores, los únicos que estuvieron a la altura, consiguieron imponerse y evitar que aquel despropósito tuviese lugar. Se aplazó entonces para 24 horas después, pero tampoco el Domingo acabó disputándose debido al mal estado aún de varios jugadores de Boca. Un fin de semana que quedará ya para siempre como uno de los más negros de la historia del fútbol argentino. Cierto es que desde 2013 la entrada de aficionados visitantes está prohibida en los estadios argentinos, debido a la ola de violencia desatada protagonizada sobre todo por los "barras bravas", los grupos de hinchas más ultras del país, pero el problema se extiende a toda la región. Hace ahora justo un año un episodio casi idéntico tuvo lugar en las inmediaciones del estadio Maracaná, en Rio de Janeiro, donde el autobús de Independiente de Avellaneda era también atacado por ultras del Flamengo, aunque en aquella ocasión por suerte nadie resultó herido. Son muchos los episodios de violencia que suceden a menudo en el fútbol latinoamericano, y es fácil caer en la tentación de demonizar este juego (que la mayoría lo entienden como eso, también hay que decirlo), pero estaríamos tapando el Sol con un dedo. El fútbol es por allá el acontecimiento social más relevante, donde más emociones se viven, y por consiguiente también un escenario habitual de comportamientos violentos. Pero si ampliamos la visión, vemos un preocupante aumento de droga en las calles sudamericanas durante los últimos años, una ola de robos que no cesan y unas pandillas urbanas cada vez más numerosas, sobre todo en las grandes urbes. Es la sociedad en su conjunto la que tiene un problema.

De las 50 ciudades más violentas del mundo 42 están en América Latina. Es la impactante cifra que arroja el último informe del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal (CCSPJP) y del que se hacía eco hace unos meses el medio británico BBC. El estudio compara ciudades de más de 300.00 habitantes, que no atraviesen un conflicto bélico y se computan únicamente homicidios intencionales o muertes por agresión. Huelga decir que violencia hay en todos lados, es una obviedad, pero las cifras arrojan una tendencia clara y muy preocupante para la sociedad latinoamericana. Las causas por supuesto son muy variadas, pero quizás no nos equivoquemos en demasía si las sintetizamos en dos grandes nombres: la educación y la pobreza. La mayoría de los problemas debidos a la acción humana que existen en nuestra sociedad provienen de lo mismo, eso tan genérico o individual, según como se quiera ver, que nos enseñan en las escuelas y en nuestros hogares. Debería ser una de las prioridades de cualquier gobierno de turno, pero uno se escandaliza viendo dónde suele acabar a menudo el dinero de todos. Si algo además han tenido históricamente (y tienen) en común los gobiernos latinoamericanos ha sido una corrupción totalmente crónica. La pobreza y las desigualdades sociales son el otro gran culpable. Lejana parece ya aquella "década prodigiosa" con la que los países latinos estrenaban el milenio, con importantes avances en materia de igualdad que permitieron a millones de personas salir de la pobreza y empezar a formar parte de la clase media. Pero no se crearon las estructuras sólidas necesarias para mantener tales crecimientos y desde unos años atrás hasta la actualidad la región vive un estancamiento total, con mucho del terreno ganado ahora perdido. Gran parte de la población se ve sin recursos para afrontar el día a día y muchos de ellos optan por la delincuencia como forma de ganarse la vida. Si a todo ello se le suma el ser la región del mundo más importante en cuanto a producción y distribución de droga, con todo lo que conlleva el negocio del narcotráfico, el resultado es un cóctel explosivo, nunca mejor dicho. Viendo la situación actual de los tres gigantes latinoamericanos cuesta ser optimista, con una violencia en máximos históricos en México, los problemas de todo tipo que azotan desde hace años a Brasil y que han culminado con la llegada al poder de un ultra como Jair Bolsonaro o el reciente y enorme rescate económico de Argentina por parte del FMI.

Sin embargo, también existen espejos donde mirarse, casos a tomar como ejemplo para empezar a cambiar las cosas. El de Medellín en concreto parecería poco menos que un milagro. Una ciudad que pasó de ser la más violenta del mundo a mediados de los años 90 con casi 400 homicidios por cada 100.000 habitantes, a rozar los 20 tan sólo dos décadas después, pero uno descubre que no lo es cuando lo vive en primera persona. La apuesta de las autoridades municipales por reforzar la seguridad en todas las comunas, situar la cultura y el respeto como eje de sus políticas educativas y sociales o la construcción de un sistema de transporte público pionero en América Latina en su momento que llegara a todos los rincones de la ciudad, incluyendo aquellos más desfavorecidos y antes abandonados, fueron políticas claves. A nivel estatal el caso de Chile es sin duda el camino a seguir, con índices de alfabetización o seguridad en la actualidad propios de los países europeos. También Uruguay, Perú o Ecuador siguen reduciendo a buen ritmo la pobreza y la desigualdad, y como consecuencia también la seguridad en sus calles, mientras que en Colombia las buenas sensaciones de los últimos años, reforzadas con el acuerdo de paz con las FARC, se ven ahora puestas en duda por el preocupante aumento de las plantaciones de coca en las zonas rurales del país. Todo es posible por tanto si desde las instituciones existe la voluntad y perseverancia necesarias, aunque las amenazas y fragilidades propias de la región alertan de la importancia de no bajar la guardia.

Hace unos días se dio a conocer que el partido de vuelta sí se jugará finalmente, pero no en el Monumental, ni siquiera en suelo argentino, si no el Santiago Bernabeu de Madrid, el próximo Domingo 9 de Diciembre. Poco interesa ya tras lo sucedido el pasado fin de semana, aunque quizás sea la solución menos mala a todo esto. Partiendo de que unos cientos de "inadaptados", como dicen allá, no deberían privar al resto de la sociedad de un espectáculo así, la decisión de disputarlo en el extranjero debe servir como gran lección a la sociedad argentina, desde los aficionados hasta las instituciones pasando por los dirigentes. Una gran ocasión que sirva de lección pero también de ejemplo, estando las fuerzas de seguridad españolas tan preparadas y acostumbradas a partidos de alto riesgo, aunque la solución no dejará de estar en las escuelas y hogares latinoamericanos. Es allí dónde se engendran los futuros violentos, pero también donde radica la esperanza: y es que si en algo destaca aquella sociedad en su inmensa mayoría es por su cálida, acogedora y maravillosa gente.

"Estas son las 50 ciudades más peligrosas del mundo (y 42 están en América Latina)", artículo publicado en www.bbc.com, el 7 de Marzo de 2018:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43318108


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