"Las críticas no serán agradables, pero son necesarias". Winston Churchill.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Entrevista a Antonio Lucas (El Mundo)

“Empresas como Google están haciendo mucho daño al periodismo”


No espera uno siquiera que le contesten a una petición de entrevista formulada mediante un simple comentario en esa jungla que es Twitter. Pero, como la esperanza es lo último que se pierde, se decide proceder con el bombardeo. Antonio Lucas (Madrid, 1975) es uno de los dos que sí lo hacen, de un total de doce intentos. Ya en el intercambio de e-mails para concretar la cita se intuye de qué madera está hecho el personaje. Impresiona su buen trato y cercanía a través de un canal tan frío, pero más aún la facilidad en concretar día y hora esa misma semana, teniendo en cuenta su más que segura escasez de tiempo. Y es que estamos ante un poeta y periodista… y de los buenos.


PREGUNTA: En el año 1996 entras en el periódico El Mundo, a los 20 años. ¿Cómo entraste tan joven a un medio tan grande?

RESPUESTA: Fue pura casualidad. Estaba estudiando tercero de periodismo y había ganado un premio de poesía en ese mismo año. Me presenté a las prácticas, me cogieron y entré en la sección de Motor… aunque en aquel entonces no tenía ni siquiera carnet de conducir.

P: Vaya… ¿de Motor? ¿mediante alguna vacante que había ahí?

R: Pues lo que quedaba. Llegué tarde al reparto de plazas, me tuve que venir corriendo y sólo quedaba esa. Así que ahí caí, y lo que iba a ser una cuestión de prácticas de unos meses se convirtieron en los 21 años que llevo en el periódico.

P: En el 2013 ganas el prestigioso Premio Internacional de Poesía de la FUNDACIÓN LOEWE. ¿Te sientes más periodista o poeta?

R: Las dos cosas, convivo muy bien con ambas. Trato de que no se contagien demasiado, aunque se rozan un poco al final. Vivo las dos con la misma pasión.

P: ¿Si pudieras elegir lo mejor de cada una?

R: Diría que la poesía me ayuda a entender mi vida y el periodismo a desarrollarla.

P: ¿Y lo peor?

R: De la poesía sin duda esos periodos en los que uno está algo mudo, sin encontrar el calambrazo necesario para escribir, con un horizonte algo oscuro. Y del periodismo esos días de batalla y fatiga, más en estos momentos tan convulsos por los que pasa la profesión… pero que a la vez tienen su parte excitante.

P: Desde fuera se aprecia esto que dices, sí. Debe ser una profesión que cada día te depara algo nuevo, imprevisible. Con noticias que saltan o eventos que hay que cubrir. No parece que los días sean muy monótonos.

R: Cuando el día es monótono es que algo está fallando, algo se está llevando mal. No hay días así si tú no quieres que los haya. La realidad está llena de circunstancias extraordinarias para poder contar.

P: De entre todos los géneros existentes en el periodismo (entrevista, reportaje, noticia, opinión, debate,…etc) ¿cuál es el que más te gusta o te gustaría hacer?

R: Me encanta la entrevista. Es un género muy vivo, que requiere una interacción con el otro, es un pulso interesantísimo. Además una conversación no sólo te da claves de la otra persona, también del tiempo en el que vives. Y por supuesto la columna: es muy elástica, y te permite una escritura muy abierta, dejar el sello de uno mismo y exponer tus ideas, impresiones, fracasos o entusiasmos. Siempre es un pulso singular.

P: ¿Cuáles de ellos van a ganar protagonismo en los medios y cuáles van a ir a menos en el futuro?

R: Todos los géneros le dan sostén al periodismo, le dan eje. No se puede prescindir de ninguno. Quizás el que más pueda decaer sea el mismo ejercicio de la noticia informativa, ya que las redes sociales están ocupando ahora esa misión: dar información puntual y al instante de lo que sucede en cualquier rincón del planeta. Aunque luego deberá ser analizada, procesada o jerarquizada, con esa óptica y requisitos de rigor que el periodismo maneja. Y será imprescindible añadirle el porqué, cuándo, dónde y cómo. La noticia probablemente sea la que pierda espacio en los medios en favor de su propio análisis y del resto de géneros.

P: Relacionado con esto: ahora se habla mucho del futuro del periodismo, de su posible pérdida de vigencia o peso, pero quizás en esta época sea más necesario que nunca un análisis de calidad de esas noticias que ya saltan por todos lados en las redes sociales. Sí se puede mirar el futuro con cierto optimismo desde este punto de vista. ¿Lo ves también así?

R: Sí, también lo veo con cierto horizonte. El análisis es principal, sobre todo en este mundo tan enmarañado y confuso. Hay que darle luz a todo ese borbotón informativo que nos viene y el análisis, la opinión o el reportaje generarán ese espacio de comprensión tan necesario. Además, esa cosa tan grosera que es la actualidad tiene claves cambiantes: nunca serán las mismas las de hoy que las de ayer.

P: Antes hemos mencionado de pasada la redacción de El Mundo donde trabajas. ¿Cómo es tu día a día en la redacción?

R: Pues llego por la mañana a la redacción (no tengo horario de entrada… llego cuando llego) y compruebo lo que tengo a medias, lo que tengo por hacer y lo que quiero hacer. Si tengo pendiente una entrevista hago las llamadas y gestiones necesarias para que esa persona se convenza. Normalmente trato que sea alguien singular, del cual me apetezca saber su opinión sobre algún tema. O si debo prepararme para un reportaje, por ejemplo: planificar el viaje, comprobar con qué personas me tengo que ver, cuándo y dónde,…etc.

P: Mucha planificación por lo que veo…

R: Bueno, planificar y escribir. Hay cosas que surgen en el momento, que tienes que arrematar al instante. En ese sentido la verdad es que tengo cierta agilidad, soy bastante eficaz escribiendo. Me cuesta a veces conseguir la idea de arranque o motriz del artículo, pero luego soy bastante rápido cuando la engancho.

P: Siguiendo con la redacción, ¿cuáles son los Departamentos en los que se distribuye el personal?

R: Pues los de siempre: Nacional, Política, Economía, Sociedad, Ciencias, Cultura, Comunicación, Madrid u Opinión (con sus editoriales y columnas que forman la peana del periódico), por citar los principales.

P: Supongo que cada uno con su jerarquía y su responsable…

R: Sí, cada uno con su redactor jefe y con su gente especializada. Por ejemplo, en el caso de Nacional hay periodistas que siguen al PSOE, otros a Podemos, a PP o a Ciudadanos. Igual sucede en Cultura, con gente centrada en cine, en arte, en literatura o en danza. Los espacios están en cierto modo compartimentados, aunque luego puedes trasvasarte evidentemente de uno a otro si te piden o solicitas algo. Pero sí, está más o menos parcelado con una jerarquía bien planteada.

P: En la actual Era Digital en la que nos encontramos, Antonio, ¿en qué medida las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación han condicionado la generación de contenidos del periódico?

R: Lo ha condicionado de muchas maneras. Primero, trasladándonos mucha más urgencia, para lo bueno y para lo malo. También modifica los ámbitos de opinión: hay que ser más rápido, más audaz, tener más pantallas abiertas y saber que ahora tenemos más gente mirando. Uno tiene, por tanto, la exigencia de estar mucho más afilado en los criterios y en las ideas. Más aún en este mundo en el que hay tantas personas escribiendo a la vez sobre un mismo tema. También ha modificado algo vital en los periódicos como es la publicidad convencional, uno de sus pulmones principales, que ahora está ya muy dañada por la irrupción de su vertiente digital, mucho más barata y agresiva. Eso provoca que las empresas de comunicación clásicas estén perdiendo mucho músculo económico. Y otro aspecto importante: empresas como Google y otros grandes agregadores de noticas están haciendo mucho daño al periodismo, al generar su propia jerarquía de noticias en la web y darle más impacto a unas que a otras. Generan una alteración en el poso natural de una empresa informativa. Son muchísimos los aspectos. La revolución ya es imparable, era necesaria, y ahora lo que nos toca es encontrar la fórmula de convivencia con algo ya instalado en nuestras vidas. Algo tan nuevo como que un tío “desenfunde” su smartphone de su bolsillo y se entere al instante de lo que sucede en Shanghái, en Soria, en Nueva York o en Nueva Delhi.

P: Cuestión de adaptarse, ¿no?

R: Adaptarse y encontrar la fórmula. No es un problema sólo de adaptación, sino también de tener cierto nervio creativo para saber encontrar la fórmula económica y sociológica que haga frente a una aventura nueva para todos. Una batalla que los medios clásicos de comunicación estamos ahora mismo perdiendo.

P: Vamos ya con las dos últimas. ¿A escribir bien se enseña mejor uno leyendo mucho o escribiendo mucho?

R: Principalmente leyendo mucho. Hay gente que escribe mucho y es un auténtico desastre. Se le nota lo poco que ha leído o lo mal que ha asimilado esas lecturas. Y otra en cambio que escribiendo poco es finísima, se le aprecian lecturas previas bien asimiladas y transmite unas ideas muy sólidas. Tampoco es un problema de volumen de lectura, sino de asimilación de lo que estás leyendo, de saber encontrar de cada autor que lees aquello que a ti te suma, que te da claves de tu propia escritura. En este oficio jamás se puede escribir bien si no se sabe leer bien.

P: ¿Qué consejo le darías a un recién graduado periodista?

R: Bueno… consejos no me suele gustar dar, pero sí alguna sugerencia. Una es esto que comentaba: leer mucho, y hay que leer periódicos. Hay estudiantes de Periodismo que parece que se les olvida… y van a vivir de ello. Igual que uno ve la televisión o escucha la radio, hay que leer periódicos y no sólo de Deportes o crónicas de conciertos, sino editoriales y firmas de opinión, para a través de ellos entender porqué un medio es como es. Es decir, saber descifrar el periodismo, que es un laberinto, una plaza pública llena de gente en la que uno debe encontrar su portal. Es importante que el muchacho que salga ahora de la Universidad sepa que esta profesión es un organismo vivo con el que uno debe hacer casi de cirujano todos los días en busca de la clave. Hay que tener capacidad comparativa, tener memoria (una noticia que lees hoy quizás tenga sus antecedentes en algo que ocurrió tiempo atrás). Y vivir, viajar todo lo que se pueda, pero no con la cabeza hecha una pañalera, sino con los ojos abiertos, rozarte con la gente, no tener miedo a meterte en berenjenales. Saber que hay hoteles de cinco estrellas alfombrados con historias maravillosas pero también bares de última hora de la noche llenos de situaciones deliciosas.

P: ¿Y una advertencia? Algo que digas “¡cuidado con esto!”

R: Lo primero, que se vaya de España, sobre todo si se tiene veintipocos años. Es lo mejor que le va a pasar en mucho tiempo. Y cuidado con algo no, todo lo contrario, hay que tener ganas, ponerle mucho tesón. Pero paciencia la justa, eso sí. No vale eso de “tú tranquilo, ya conseguirás esto o lo otro a los 30”. Si lo puedo conseguir ahora a los 25… ¿por qué tengo que esperar a los 30? Tener un estilo propio también es crucial. No quiere decir ser el más barroco de la redacción, sino tener en tu escritura un condimento que sea sólo tuyo, que alguien pueda leer algo un texto y por lo menos intuya rápido que eso lo has firmado tú. Yo cuando tenía 21 o 22 años mi obsesión era encontrar la clave de una escritura que fuese mía, gustase más o gustase menos. Aportar esas cosas que crees que te distinguen o te dan cierta identidad, para después añadir también cierta modulación: rectificando, sumando o restando. Y al final, ser claro y valiente.

P: Y valiente aún más en esta época en la que tantas cosas nos condicionan… ¿verdad?

R: Claro. Las redes sociales son un buen ejemplo. Aunque te estén llamando por ahí que si rojo o facha… tú con confianza para adelante. Total, ¿qué más da?

domingo, 23 de julio de 2017

Red Hot Chili FIBbers

El FIB este año era diferente, se decía. Esa etiqueta de "festival diferente", alternativo, alejado de cualquier atisbo de "comercial" dejaba paso a una edición donde se ampliaban los registros y los grandes nombres eran los reclamos. Quizás sea una ventaja el no haber conocido ese "otro Benicàssim", porque así uno no lo hecha de menos. 

Tras una primera jornada, la del Jueves, en la que The Weekend fue el gran protagonista (primer síntoma de esa mutación de registros), el Viernes los más esperados eran los ingleses Foals. Sin duda, confirmaron su estatus de banda de moda con un gran espectáculo de luces y sonido que hizo vibrar a los muchos fans que casi llenaban el escenario principal. A medio camino entre el pop-rock de Coldplay y el rock alternativo de Radiohead, los de Oxford completaron una más que notable actuación. No así un clásico como los Planetas, que a pesar de darlo todo, unos problemas de sonido les lastraron. Los otros triunfadores de la noche fueron 2 Many DJ's. Con su peculiar estilo, mezclando momentos de pausa con otros de locura absoluta, los belgas firmaron una fantástica sesión de música electrónica, con momentos sublimes como los remixes de Kids o Pump Up the Jam, dos de sus clásicos.

Pero los fibbers del 2017 habíamos acudido allí por lo del Sábado, no nos engañemos. El intenso sol de la mañana dejaba paso a unas nubes y una brisa por la tarde auguraban una jornada perfecta. Los asistentes llenaban las calles de Benicàssim (mejor dicho, los bares de Benicàssim) en las horas previas, y en el ambiente, en las continuas risas, se intuía que no era un día cualquiera. El cartel prometía, con los Red Hot Chili Peppers como grandes protagonistas. Uno no sabe aún hoy si había más camisetas de los californianos o personas por las calles del pueblo castellonense. A las 17:00 de la tarde ya eran decenas los que esperaban a las puertas del recinto. Una hora y media después conseguían su premio al llegar a la carrera a los pies del Escenario Las Palmas... aunque Kiedis, Flea, Smith y Klinghoffer no saldrían hasta casi 5 horas después.

Pero había mucho antes de eso. Y muy bueno. Uno de los atractivos de un Festival de música es el descubrimiento de grandes bandas que no sabías ni que existían. Es el caso del cuarteto de veinteañeros que abrían el telón de ese mismo escenario principal. Con una templanza, una fuerza y una presencia impropias para su edad, estos irlandeses se marcaron casi una hora de fantástico rock británico. Mención aparte merece Pete O'Hanlon, el chico del bajo, una auténtica maravilla con un talento y personalidad arrolladores. The Strypes seran grandes. Mientras, en el escenario Visa (el segundo en importancia) Las Kellies y Marika Hackman sonaban muy bien, y empezaban a atraer a unos oyentes que serían multitud con la irrupción de un clásico: La Mala Rodríguez. La jerezana parecía disfrutar como si fuera su primer día (y así lo era en Benicássim, como ella misma recordó) y se marcó un gran directo con su cuidada coreografía y alguna que otra sorpresa (como las pistolas de agua que ella y sus bailarinas sacaron a las primeras notas de Mátale). De vuelta al escenario Las Palmas, llegaba la hora de otro de los más esperados. Aunque uno no se acaba de acostumbrar a verle sin su hermano a la izquierda, Liam Gallagher sigue impresionando en sus conciertos. Con esa pose chulesca, desafiante y sus manos en la espalda mientras canta, el de Manchester sabía a la perfección cómo ganarse al público. Empezar con Rock 'n' Roll Star y Morning Glory es ir sobre seguro. Con unos fans ya totalmente entregado (sobretodo los muchos británicos allí presentes) alternó a partir de ahí temas de su nuevo disco en solitario (Wall of Glass y Chinatown son muy buenas) con otros clásicos de Oasis como Slide Away o un precioso acústico de Wonderwall. Con el himno de los 90 el pequeño de los Gallagher cerró una actuación en la que nadie pareció echar de menos al hermanísimo. 

Y justo después, ellos. Tras el "huracán Liam" allí ya no cabía un alfiler. El lleno era absoluto y los Chili Peppers no defraudaron con la primera: Around the World, un clásico. Y, claro, la multitud ya entregada desde el minuto 1. Los Red Hot saben lo que hacen, por eso siguieron con dos temazos como Dani California y The Zephyr Song. Tras este abrumador comienzo, empezaron a mezclar algunos de sus hits con canciones de su último álbum, The Getaway, mucho menos coreadas por el público, como es lógico. Y, cómo no, tampoco faltaron los clásicos solos de Flea, Smith y Klinghoffer con su bajo, batería y guitarra respectivamente, un signo distintivo del grupo. Sin perder un ápice de la energía que los caracteriza y con un montaje espectacular con hasta 5 pantallas en el escenario, más las dos de los laterales, los norteamericanos consiguieron hacer vibrar al personal que abarrotaba aquello, como si estuviésemos en los 90. Californication, Under the Bridge y By the Way también, ahí es nada, para poner el colofón por todo lo alto con un espectacular Give it Away. Y es que... ¿a quién le importa que no hayan sacado un buen disco en 10 años?

Ya poco importaba lo que llegara después... aunque el Domingo tenía los reclamos de Love of Lesbian y Kasabian. El FIB'17 fue, por tanto, un exitazo en cuanto a asistencia, con el pico de los 53.000 espectadores que llenaron aquello el Sábado. Es cierto que puede haber perdido esa esencia de antaño, pero ahora Benicàssim parece estar abriéndose a más registros, más artistas y, sobre todo, más público. Y si en tu recinto suenan Oasis o Red Hot Chili Peppers... ¿de verdad se está traicionando lo tradicional?



miércoles, 25 de enero de 2017

Somos nosotros

Ha vuelto a pasar. Una desgracia de un personaje público ha servido de nuevo para que saquemos lo peor de nosotros, otra vez a través de las redes sociales. Y sabemos que no es nada nuevo, lamentablemente. Sobre todo en Twitter, esa gran conversación donde todos cabemos, se pueden ver a diario auténticas barbaridades. Da miedo pensar el tiempo que perderán al día los famosos bloqueando a seguidores...

Esta semana un caso ha saltado a los medios, quizás debido a su extrema gravedad. La muerte de la cantante y modelo Bimba Bosé ha sido utilizada por muchos, aunque parezca mentira, para mofarse de su popular tío Miguel Bosé. Los tuits se han publicado por todos sitios, y son tan detestables que casi mejor no volverlos a mostrar. El debate en los medios (y también en la calle) con este tema suele girar en torno a cómo denunciar y castigar a estos individuos a través del Código Penal. Qué opciones hay y cuáles deberían haber. Es importante, está claro. Esos mediocres deben ser identificados y pagar por ello... pero no olvidemos que esto no es más que una medida correctora, a posteriori. Si de verdad se quiere acabar (o al menos reducir) el problema en el futuro hay que ir al origen, a la causa de verdad, que no es otra que la falta de educación. A evitar que vuelva a pasar. Sí, una vez más, la importancia de la educación en la sociedad. No conviene olvidarlo... y no estaría de más que se hablara algo más de ello. Pero quizás lo más sorprendente sea esa reacción tan común (cada vez se oye más) de echar la culpa a las redes sociales, "al Internet", como si fuese un ente de "nosesabedonde", donde habita "nosesabequien". Ocurre mucho con las generaciones más mayores, diciendo que ahí sólo hay maleducados y gente violenta. No se han enterado. Las redes sociales no son "otro país" que ha surgido los últimos años con el fenómeno Internet. Tan sólo son un altavoz, un jugoso escaparate donde esa gente, antes sólo sufrida por sus círculos íntimos, exhibe ahora su mediocridad. Pero siempre han estado ahí.

Puede parecer una obviedad todo esto, pero lo que es es algo muy serio. Si nos seguimos quedando en análisis superficiales, despreciando la importancia de una educación de calidad, considerando a esos violentos y maleducados como algo ajeno a nosotros, o a las redes sociales como "un mundo aparte", no sólo no evitaremos que vuelvan a ocurrir... si no que tendremos más. Cojamos el toro por los cuernos. Ampliemos el análisis, seamos realistas y hagamos autocrítica. Porque toda esa gente también somos nosotros. Y sólo aceptándolo podremos empezar a cambiar.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Un mundo peor

Lo que hace unos meses nos parecía poco menos que un chiste, una broma de mal gusto más bien, se ha hecho realidad. El excéntrico, por decirlo con amabilidad, Donald Trump será el próximo Presidente del país más poderoso del mundo. Todos sabemos ya quién es, las barbaridades que ha dicho y los escándalos que ha protagonizado, por eso nos centraremos en explicar porqué ha ganado y qué es lo que nos espera.

Empezando por los números, hay que decir que Trump ha ganado por la enorme abstención que ha habido. El hecho de que haya sacado menos votos (60 millones) que Mitt Romney, candidato republicano que perdió ante Barack Obama en 2012 (61 millones), es revelador. Según el sondeo de la CNN a pie de urna, el 70% de los votantes fueron blancos, por tan sólo un 12% de negros. En términos generales, se puede decir que el perfil de votante de Trump ha sido el de trabajador blanco sin estudios y residente en zonas rurales. Sus ataques al Tratado de Libre Comercio, firmado en los años '90 y que ha provocado que tantas empresas se deslocalicen y se instalen en México o Canadá para pagar menos impuestos, le ha hecho ganar mucho apoyo en las zonas industriales del país. También su mensaje xenófobo, con la amenaza de deportaciones masivas de indocumentados o la construcción de su famoso muro en la frontera sur. Por el contrario, en las grandes zonas urbanas ha sido Clinton la vencedora mayoritariamente. La gran fuga de votos de la candidata demócrata ha venido de las minorías. Los jóvenes, latinos o negros, que tan decisivos fueron en la victoria de Obama en 2008, esta vez se han quedado en casa. La ex-primera dama y ex-secretaria de Estado no ha sabido conectar con ellos. Precisamente ese pasado político de tantos años ha sido una baza jugada con habilidad por Trump. La ha relacionado con el "aparato", con la vieja política, con las instituciones que tanto poder aglutinan en Estados Unidos. Él, según decía, representaba "el cambio" y ese mensaje ha sido comprado por muchos. Pero los cambios pueden ser a mejor o a peor. En cuanto a lo que este inclasificable individuo hará a partir del 20 de Enero, cuando ya tome posesión, muchas voces han salido estos días con un tono tranquilizador, asegurando que muchas de las promesas de campaña no las llevará a cabo. La verdad es que resulta muy difícil adivinar sus planes futuros, por lo impredecible que parece y por su inexistente pasado en política. También su ideología es un misterio, aunque a rasgos generales se podría calificar como un ultra-conservador, favorable al aislacionismo y proteccionismo económico, pero nadie sabe hasta qué extremos. Es verdad que en cuestiones económicas son el Senado y el Congreso los órganos más decisivos, pero también lo es que el Jefe del Estado tiene grandes competencias, como en los ámbitos militar y de política exterior. Por lo tanto, no sabemos lo que hará. Lo que sí conocemos es lo que ha dicho, y no pinta muy bien.

Lo peor es que no es sólo un mal sueño, un caso aislado. Es la continuación de una peligrosa tendencia. Si existe un común denominador en las victorias de Trump en Estados Unidos, del Brexit en Reino Unido o de la más que probable de Le Pen en Francia próximamente es el racismo, la xenofobia y la intolerancia. Un sentimiento que también va al alza en el resto de países del centro y norte de Europa. Pero de poco servirá quedarse lamentándose. Hay que analizar porqué pasa, y aceptar que nuestros gobiernos no han sabido ni explicar ni hacer frente a los grandes movimientos migratorios de los últimos tiempos. Preguntarse porqué tanta gente huye de su tierra para seguir con su vida es fundamental. Ir al origen del problema. La solución no puede venir por cerrar fronteras en pleno siglo XXI sino en mejorar las condiciones de vida en aquellos países menos desarrollados. Evitar que tanta gente quiera marcharse de casa, y aceptar en última instancia a los que lo deseen con total normalidad. Porque ningún ser humano es mejor que otro por su raza o nacionalidad, y todos tenemos derecho a buscar y disfrutar de una vida digna. Da tristeza ver cómo una verdad que parecía ya totalmente aceptada se empieza a resquebrajar. Si perdemos el aprecio y respeto por el diferente lo perdemos todo. Nos estamos convirtiendo, casi sin darnos cuenta, en un mundo más egoísta, menos solidario y menos tolerante. Sin duda, un mundo peor.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Cómo te atreves a volver


"Díganlo en España, por favor. Colombia ya no es sólo drogas y violencia. Hemos cambiado, ahora somos mucho más que eso. Que lo sepan allá, por favor". Cuando oyes esto en pleno Medellín a los pocos días de llegar, el nudo que se te forma en la garganta apenas te permite articular palabra. Seis meses después, reflexionando en el vuelo de regreso Bogotá-Madrid, te das cuenta de que aquel hombre tenía razón.

Cuesta horrores hacer desaparecer las etiquetas. Por muy lejano en el tiempo que quede el acontecimiento que lo provocó, esa marca quedará en la memoria de la mayoría de la gente para siempre. Y más si se trata de un país a 8.000 km, y del que apenas se habla en prensa o televisión. Lo cierto es que en Colombia apenas se podía vivir en los años '80 y '90. El narcotráfico, las guerrillas y las bandas urbanas sumergieron al país en una espiral de violencia continua. La misma Medellín, por ejemplo, se convirtió en la ciudad más violenta del mundo con casi 400 homicidios cada 100.000 habitantes. La genial serie "Narcos" lo muestra con todo detalle. Sin embargo, en los últimos veinte años el país ha ido mejorando progresivamente. La concienciación ciudadana (empezando por las escuelas), las actuaciones policiales del Estado y una mejor redistribución de la riqueza está dando sus frutos, y la violencia se va reduciendo cada vez más a determinados barrios y zonas específicas del país. Los cuatro años de negociación entre Gobierno y las FARC también han ayudado, y el futuro sin guerra que los cafeteros tienen por delante es esperanzador. Otra vez la capital del departamento de Antioquia es el mejor ejemplo (esta vez para bien), siendo nombrada incluso en 2013 como "ciudad más innovadora del mundo" por el Wall Street Journal, por su apuesta por el conocimiento y la investigación como base de su economía, así como por su plan de integración de los barrios más castigados de la ciudad, con su famoso Metrocable como símbolo. Es verdad que queda mucho por mejorar, sobre todo en temas de seguridad y reducción de la pobreza, pero la dirección tomada es sin duda la correcta.

Hay que estar allí, mezclarse con aquella maravillosa gente, para comprobarlo de verdad, pero uno también se alegra de que los medios de comunicación lo vayan reflejando de vez en cuando. Que hoy en día se hable en televisión del recién firmado Acuerdo de Paz, de Shakira y el joven grupo Morat, o de James Rodríguez y Nairo Quintana en lugar de por la violencia o las drogas es significativo. Colombia ha vuelto. Y amenaza con quedarse para siempre.


lunes, 11 de abril de 2016

Donde todo empezó

Cuando pones los pies en la pista del aeropuerto John Lennon de Liverpool y la lluvia, arrastrada por un viento frío, te golpea en la cara uno entiende porqué a los guiris les gusta tanto Benidorm. En realidad es una advertencia: espero que tengas un buen motivo, Jesús, para querer pasar aquí la Semana Santa.

El autobús cubre los 15 km que separan el aeropuerto del centro de la ciudad en apenas 25 minutos y automáticamente te haces una idea de lo pequeña que es. Hay ciudades que te muestran sin ambigüedades lo que son. Que te lo ponen fácil, vamos. Cuando te das un paseo por Montmartre, entre fantásticas callejuelas, terrazas, violinistas o pintores, o te encuentras de repente con la impresionante Sagrada Familia al girar una esquina cualquiera, tan sólo tienes que abrir bien los ojos para disfrutar de la belleza de Paris o Barcelona. Casi no hace falta ni pensar. Y luego están las otras, como Liverpool. En ellas no te queda más remedio que imaginar, rebuscar en tus pensamientos dónde tendrá el atractivo, o mejor dicho, dónde lo tuvo. Uno trata de encontrarlo visitando los denominados “lugares de interés”, aquí concentrados básicamente en tres zonas: el puerto, el centro monumental y las catedrales. Darse un paseo por el primero puede resultar incómodo debido a las corrientes de viento que allí se dan, aunque también es cierto que se obtienen bellas panorámicas, sobre todo en Pier Head y Albert Dock. Se intuye la importancia que la zona tuvo siglos pasados, en los que la ciudad del noroeste de Inglaterra basaba su economía en la actividad marítima e industrial, sectores ahora muy minoritarios. Tampoco está mal la zona histórica, digamos, con sus edificios del siglo XIX. St. George Hall, The Walker Art Gallery o The Central Library transmiten historia y le dan algo de elegancia a la ciudad. Y otro de los lugares que merece la pena visitar es la catedral anglicana, una de las más grandes del mundo. Asombrosa por fuera y por dentro, ofrece además un agradable paseo por el jardín-cementerio que la rodea. El fútbol es, junto a la música, la gran pasión de los liverpoolianos. El estadio del principal club de la ciudad, Anfield Road, es uno de los que más historia europea tiene en el continente, y aún hoy presume de un gran ambiente en los partidos. Al menos eso dicen, porque con las gradas vacías a uno le deja algo frío. 

 

 

Una vez recorridos los puntos más turísticos de la ciudad (es suficiente con una tarde, por cierto), uno se pregunta si Liverpool ha sido alguna vez consciente de todo lo que le debe a los Beatles. Para conocer de verdad su historia hay que visitar el museo que les rinde homenaje, en Albert Dock, junto al río Mersey. Mientras paseas por los diferentes espacios que recrean los lugares en los que el cuarteto se iba haciendo grande, con multitud de fotografías y objetos originales, un audio-guía (disponible en diferentes idiomas, entre ellos el castellano) te va narrando con curiosas anécdotas su trayectoria, desde la infancia de los protagonistas hasta la disolución del grupo, incluida una última habitación dedicada a sus carreras posteriores en solitario. Merece la pena. Para seguir soñando despierto, nada mejor que disfrutar del Magical Mystery Tour, un recorrido de unas dos horas en autobús por todos esos lugares para disfrutarlos de verdad, en primera persona. Suenan She loves you, Here comes the sun o Love me do, entre otras, y entre ellas el guía nos va explicando la historia de las calles por donde pasamos. Nos dice que los suburbios donde se criaron Starr y Harrison contrastaban con los barrios acomodados de donde salieron Lennon y McCartney. Y así lo confirmamos cuando bajamos a ver las casas de cerca. Nos explica que la de este último tiene su lugar reservado en la historia de la música, puesto que era allí donde cada día al salir del instituto se reunían los jóvenes John y Paul para componer sus primeros temas. También hacemos sendas paradas en Penny Lane, un tranquilo barrio donde destacan sus enormes y verdes parques, y en Strawberry Fields, un antiguo orfanato, ambos lugares que sirvieron de inspiración para dos de sus mejores canciones. El tour finaliza, cómo no, en Mathew Street, la calle más animada de la ciudad con sus numerosos pubs, entre ellos The Cavern, donde todo empezó. Y es allí, tomando una pinta de cerveza y escuchando los acordes de Get Back, cuando uno se emociona de verdad. Son las estrechas escaleras, el ladrillo caravista de las paredes, las fotos y objetos firmados en las vitrinas, el diminuto escenario del fondo. Y el recuerdo. El recuerdo de lo que aquello fue en los años 60.



Liverpool es, por tanto, la típica ciudad inglesa. Un lugar frío, serio, y hasta cierto punto triste por el día, pero que se transforma por la noche con la fantástica música que se oye en sus pubs. Porque no es sólo The Cavern y los Beatles. Los Rolling Stones, Queen, U2, Oasis o los Who suenan continuamente en esos locales. Uno se asusta sólo de pensar cuantos buenos grupos han salido del Reino Unido. Liverpool es Yesterday por el día y Twist and Shout por la noche. A los que estén valorando la posibilidad de visitarla, la recomendación es clara: si no te gustan los Beatles (hecho lamentable, por otra parte), no te pierdes nada. Pero si te gustan, ya estás tardando en comprar tu billete de avión.

domingo, 28 de febrero de 2016

El bueno, el feo y el malo


Tras más de dos meses de negociaciones, ruedas de prensa, ofertas, contraofertas, reuniones, desplantes… tiras y aflojas en definitiva, se vislumbra ya el final de este interminable impasse que ha sufrido la política española. Con las sesiones de investidura a la vuelta de la esquina, los partidos parecen haberse quitado ya las caretas y se empiezan a intuir cuáles son sus verdaderas intenciones. Con el PP excluido de cualquier posible acuerdo, por sus 4 años de rodillo en el Gobierno y su sangrante corrupción, la partida la juegan Ciudadanos, PSOE y Podemos.

Los de Albert Rivera han sido la niña bonita, el partido de centro al que los dos grandes han intentado seducir. Sus conservadoras políticas económicas nos hacían suponer un acercamiento a los populares, el cual se intentó en un primer momento, pero su rotunda negativa a votar en favor de Rajoy y los numerosos casos de corrupción conocidos estas últimas semanas desvanecieron cualquier posibilidad. Al final han terminado pactando con Pedro Sánchez, lo cual deja bien claro su difusa ideología y su verdadero objetivo: que empiece a rodar cuanto antes la legislatura.

Los socialistas no gustan a nadie, pero sus 90 escaños los hacen necesarios para todos. Es más, por no gustar su líder no gusta ni en su propio partido. Cuando todo parecía indicar que el pacto más factible, y quizás el único posible, era con Podemos, giraron a derecha y eligieron a Ciudadanos ante las tremendas exigencias de los morados. Movimiento curioso… y muy arriesgado, por otra parte. Aunque parece sumamente difícil, si al PP le da por abstenerse y permite que Sánchez y Rivera lleguen al Gobierno, los de Pablo Iglesias quedarán como única alternativa progresista en la oposición de cara al futuro, una posibilidad que entusiasma al emergente partido y que no quieren ni imaginar en Ferraz.

Una formación emergente con la que nadie quiere nada. Podemos es el demonio, insinúan poco más o menos los demás partidos. Sin embargo, puede que sean los que mejor estén jugando sus cartas. Cogieron la iniciativa con su propuesta de Gobierno de coalición hace unas semanas, con Iglesias de Vicepresidente y exigiendo Ministerios claves. Una jugada maestra. Si el PSOE aceptaba perfecto, gobernarían con mucho poder de decisión. Y si no, que es lo que ha terminado sucediendo, perfecto también, pues quedarían ante la opinión pública como el partido que “desea de verdad” el cambio progresista, de cara a unas más que posibles nuevas elecciones.

Ciudadanos, PSOE y Podemos. El bueno, el feo y el malo. En el western de Sergio Leone tres caza-recompensas buscaban un tesoro que ninguno de ellos podía encontrar sin la ayuda de los otros dos. Se necesitaban… pese a sus continuas desconfianzas. Rivera, Sánchez e Iglesias saben que el tesoro se encuentra en la Moncloa, pero también que no se pueden fiar lo más mínimo de sus compañeros de viaje.